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3 meses y 5 días después

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El martes volví al hospital donde me cortaron el fémur para introducir un artefacto de hierro unido a una bola que se iba a convertir en la base del juego de mi pierna derecha, esa con la que endosaba mawashi geris en la cara a gente que me sacaba la cabeza. Si lo piensas, es una locura muy grande… todavía hoy, con el chisme dentro, me lo sigue pareciendo. A veces visualizo en mi cabeza cómo el cacharro ese está moviéndose según la posición en la que me encuentro… si giro la pierna hacia la derecha, la bola estará girando para ese lado y el fémur entonces quedará alineado así, ¿se desgastará si ando mucho? ¿igual chirría y hay que beber aceite de oliva o algo?.

Es de locos esto, en serio. Pensar que yo estoy moviendo mi pierna como siempre, pero que lo que hace que yo siga haciéndolo es un engranaje metido dentro de mi cuerpo todavía no sé ni cómo, me sigue pareciendo de ciencia ficción.

A este hospital de Setagaya, en Tokio, he seguido yendo todas las semanas desde la operación. Aquí el sistema, la manera de proceder está muy pensada. Quiero decir que estoy en un grupo de Reddit de operados de la cadera por todo el mundo y en Japón se hacen las cosas distintas, a juzgar por lo que cuentan allí. A mi me tuvieron una semana ingresado, no se aceptaban visitas de ningún tipo, todo estaba planificado a la hora: ducha, comida, rehabilitación, medicinas, masajes, la máquina de frío, el tiempo de descanso… Y una vez en casa, la rehabilitación y los chequeos han seguido el mismo patrón de organización: una vez por semana a revisar rango de movimiento, el primer mes todo con bastón, el segundo ya subimos y bajamos escaleras alternando los pies, empezamos con sentadillas y estiramos de esta o aquella manera…

Si lo que cuentan en Reddit es verdad, básicamente a la gente la chutan a casa al día siguiente puestos hasta arriba de pastillas y que se busquen la vida encontrando donde les hagan el physical therapy, como le llaman ellos. Yo una semana después ya no tomaba nada para el dolor porque no me dolía nada, por no hablar de la cicatriz, que la mía es la mitad de las que pone ahí la gente que vaya escabechinas les hacen. Supongo que he tenido suerte de que esto me pase aquí y no en los EEUU de donde intuyo que es la mayoría de la gente de ese grupo. No tengo ninguna duda de que en España también hubiese sido igual o mejor que aquí, por cierto, en sanidad si no somos los mejores del mundo, cerca estaremos.

Pues el martes yo volvía a la revisión de los tres meses. Es importante porque es la fecha clave en la que ya se supone que la prótesis está ya asimilada, se ha construido hueso y músculo alrededor y no es tan fácil que se disloque, que se salga, que es el mayor riesgo de esta operación. Yo iba con ilusión porque aunque estoy recuperando poco a poco mi vida anterior, aún hay muchas cosas que no puedo hacer y con cada visita al cirujano albergo la esperanza de que me deje hacer algo más y así huir un poco más del viejo Toscano y acercarme a esa persona joven que yo pensaba que era hace medio año, cuando no necesitaba un bastón ni tenía que dormir con una almohada entre las rodillas.

Llegué algo menos de un cuarto de hora antes y enseguida me hicieron pasar a la máquina de MRI, recuerdo que antes de la operación, el resultado de esta máquina fue decisivo porque la resonancia magnética detectó que el interior del fémur se estaba quedando hueco debido al roce y que el dolor que sentía solo iba a ir a más con el desgaste. Ahora estábamos comprobando si un artilugio de titanio y cerámica seguía en su sitio ahí haciendo su juego como lo planeó algún ingeniero, a lo robot de Boston Dynamics: que me empujen y que no me caiga, ¿no sabes?.

Qué cosas.

La siguiente prueba eran simples radiografías, pero cual fue mi sorpresa cuando en la sala de espera me encontré al señor Takahashi. Tenía sentido, claro, nos operaron a la vez, nuestras revisiones coinciden en el calendario, raro era que la hora no lo acabase haciendo también.

Me alegré, de corazón, de verle.

— Oskar chaaaan, ven, siéntante aquí, ¿qué tal estás? ¿y el bastón?

— Takahashi san, cuanto tiempo, ¿qué, a la revisión, no?

Y de repente estábamos hablando como cuando nos operaron y las pasábamos putas uno al lado del otro en aquella habitación tratando de distraernos del dolor a pura conversación entre dos personas de razas y culturas distintas que compartían, desesperados, interminables noches de no poder dormir.

Al de un rato de ponernos al día, yo me sentí un poco mal porque mi recuperación había sido mejor y, por alguna absurda razón, exageré el dolor que sentía a veces e incluso mentí diciendo que todavía usaba el bastón de vez en cuando, aunque la realidad es que ahora mismo ni sé donde está porque lo guardó mi mujer en algún rincón del trastero.

Supongo que fue por empatía, pero hoy, escribiendo sobre ello, sigo sin verle el sentido a lo que hice. Debería haberle dicho la verdad, que estaba ya muy bien y que podía hacer vida muy normal sin ningún problema.

ごめん。

Él, como siempre, estaba de muy buen humor y mejor ánimo. Todavía tenía dolores, sobretodo al bajar las escaleras y me contó también que se cayó de la cama un día y se golpeó una de las dos rodillas operadas y se le abrió la herida. Yo le vi bien, pero no tan bien como habría esperado por comparación.

De repente pasó una de las enfermeras que nos atendió a los dos aquella vez. Enseguida ella se paró y enseguida él le habló:

— Maeda chan, mira quien está aquí, Oskar chan

— Hombre, os ha faltado tiempo para sentaros juntos, ¿eh?

— Hoy ha venido solo, le ha dejado su mujer y vive solo, pobrecito, ¿no le ves que está triste?

— usooo daaaaa

En esas que me llamaron para las radiografías y al volver, decidí preguntarle por Ginchan, el husky siberiano cuyas fotos tan orgulloso me enseñó. Así me enteré de que se puso enfermo y murió casi de repente, que estaba bien un día y al otro no y que aunque le operaron, no pudieron hacer nada por él.

Lo contó afable, por supuesto que con pena, pero me habló con mucha delicadeza y ternura, como si el de la pregunta incómoda la hubiese hecho el amigo de alguno de sus hijos y no yo. Me contó todo lo que le había pasado, los años que llevaban juntos… y aunque yo le pedí perdón por haberle preguntado, quise entender que agradeció, de alguna manera, poder hablar de él con alguien ajeno a la situación.

Digo esto a tenor del buen rato que lo hizo sin yo haberle insistido.

Después le tocó a él entrar a hacerse las radiografías y tardó un buen rato en salir. Mi prótesis es solo una y yo me muevo con soltura, pero las dos de sus rodillas y sus más de 70 años son otro cantar.

Al volver empezamos a hablar de las vacaciones y de mis hijos y no sé qué le conté que se empezó a reír y el señor que estaba sentado a mi derecha en la sala de espera nos echó la bronca. Que hablábamos muy alto, dijo. Le pedimos perdón y estuvimos un rato en silencio hasta que llegó el turno de este buen hombre que desapareció por alguna sala del hospital.

— Hostia, se ha enfadado, ¿eh? —dije yo

— Bah, este tipo de gente sobra. Siempre hay gente así que le molesta todo, ni caso, a todo que si y a lo tuyo, no merece la pena ni discutir. Habráse visto que me eche la bronca a mi un viejo, aunque bien mirado era más joven que yo, jajaja, vaya amargao.

La señora que estaba enfrente sonrió conmigo al escucharle justo cuando Maeda chan, la enfermera, dijo mi nombre y me tocó entrar a hablar con el cirujano. Una hora más tarde de la cita que tenía, por cierto, algo bastante poco habitual aquí, quizás alguna urgencia que tuvo que atender entre medias le trastocó la agenda.

La resonancia magnética y las radiografías estaban perfectas, la cicatriz ya ni la miró. Ya no hay casi riesgo de que se salga la prótesis y conviene que empiece a hacer ejercicio más en serio, que vaya al gimnasio y que siga andando mucho, que coja la bici si quiero aunque con mucho cuidado porque cualquier golpe brusco es todavía peligroso y que nos vemos en noviembre para la revisión de los seis meses.

Al salir ya no estaba Takahashi-san. Me mandó un mensaje al line, que tenía un compromiso de trabajo en Ginza y que no le daba tiempo, que había cambiado la cita con el cirujano y que perdonase por no haberse despedido en persona, que le avise cuando tengamos un día libre y nos vamos a comer a la pizzeria del barrio.

大丈夫だよ!車には気をつけてね。妻と話して、また連絡するね。お大事に!!

Lo primero que hice al llegar a casa fue coger la bici y darme una putivuelta por todos los konbinis de mi barrio. Qué puto gustazo volver a la normalidad.


¿Y si juegas a golf?

¿Y si juegas a golf?

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Tengo que ir una vez a la semana a rehabilitación al hospital. Una vez que el médico revisó que la protesis estaba en su sitio, que no había ninguna fisura en el hueso y que la cicatriz estaba sanando bien, es el personal de la quinta planta de rehabilitación los que están llevando mi recuperación.

Son ellos los que revisan la movilidad de la cadera, los que me hacen andar con el bastón de forma correcta para evitar toda cojera después y los que me dan consejos sobre qué movimientos y ejercicios debo hacer y cuáles evitar. Todavía tengo revisión con el cirujano, pero son más espaciadas, la siguiente es dentro de mes y medio.

El caso es que no puedo andar grandes distancias todavía, hay días en que no aguanto ni cinco minutos porque me duele muchísimo, así que los días que tengo que ir al hospital, lo hago en taxi. No me veo capaz de llegar hasta la estación todavía, aunque en el paseo de hoy he andado cerca.

Total, que llamo al taxi por la aplicación GO que me enseñó mi mujer y que no puedo recomendaros más, es facilísima de utilizar, está en inglés y te permite pagar con Apple Pay por ejemplo, además que a la hora de pedir el taxi, le pones tu destino y prácticamente no necesitas ni hablar con el taxista.

El viernes por la mañana me pedí el taxi de vuelta y cuando me subí, me empezó a hablar el taxista:


— Veo que vienes de la clínica de ortopedia, ¿te han puesto protesis?, como te veo con el bastón
— Pues si, la verdad
— ¡No te preocupes por nada!, tengo 78 años yo y me operaron hace 4 y voy todos los días a dar paseos por ahí y juego a golf y ya me ves que estoy aquí trabajando con el taxi
— Anda, jodé pues gracias por contarme esto, yo ando ahí a veces que me duele mucho y la verdad es que no tengo nada claro
— ¡NI TE PREOCUPES!, mira mira —aprovechando que estamos parados en un semáforo, se remanga la pierna y me enseña una cicatriz en la rodilla —menudo tajo me hicieron aquí, ¿ves?, pero vamos, que ni me acuerdo, operarme fue lo mejor que he podido hacer
— Ah, pero a mi he han operado de la cadera, no de la rodilla
— Ah bueno, de eso no sé. Pero vamos, que como sea como lo mío, ni te vas a acordar que te hicieron nada. Ando todos los días 20.000 pasos, no te digo más
— Jajaja, bueno, pues me alegro mucho de escuchar esto, me da muchos ánimos
— ¿Hace cuanto que te operaron?
— Pues no hace ni un mes
— Aaaaah, nada hombre, entonces claro que tendrás molestias, ¿a que no puedes dormir bien?
— Justo, hay noches que no hay manera
— Pues ya te digo yo lo que te va a pasar, que lo mío es la rodilla pero seguro que es lo mismo en la cadera. Te va a estar doliendo todos los días un poco menos hasta que de repente un día no te haga falta ni el bastón que te entrarán ganas hasta de correr
— Jajaja, ojalá, yo ahora mismo sin el bastón no soy nadie
— Yo el mío no sé ni donde está, yo creo que mi mujer lo tiró a la basura. De verdad te lo digo, en medio año ya te acordarás de esta conversación
— Vale vale, pues me quedo mucho más tranquilo, habrá que tener paciencia entonces
— Si, pero tampoco mucha, ya verás como en nada estás andando mucho porque seguro que te pasa como a mi que quieres andar mucho más que antes. Pero es mejor no andar por la calle que es de cemento y está duro, mejor por el campo, ¿y si juegas a golf?
— Hombre, pues no lo había pensado
— Si hombre, apúntate a clases de golf y ahí a nada que eches la mañana andarás muchísimo y como es campo, no te dolerá nada

Después el hombre me estuvo enseñando, semáforos en rojo mediante, fotos de él con sus amigos, todos con más años que la orilla del río, vestidos de uniforme y con gorra jugando al golf. Me estuvo contando un montón de cosas en el cuarto de hora de trayecto del hospital a casa y se despidió con un お大事に y un «golf, hazme caso» antes de cerrar la puerta automática de atrás.

Saqué dos conclusiones de este encuentro: lo primero es que me hizo mucha gracia que el hombre me estuviese contando tantísimas cosas sin conocerme de nada y obviando, supongo que aposta, que yo fuese extranjero. Y lo segundo es que no suena tan mal eso de cambiar maratones, karate y carreras Spartan por unos hoyos cerca del Tamagawa…

¿Y si juegas a golf?


Las fotos del hospital

Las fotos del hospital

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No tenía mucho yo el coño pa farolillos, pero alguna que otra foto saqué en el hospital. Si no tenéis otra cosa que hacer, os voy comentando cada foto para que os hagáis una idea de cómo viví aquella semana.

Al llegar me encontré esto:

Las fotos del hospital

Una cama de estas con mando para elevar las piernas o la cabeza, un armario con cajones y un par de estanterias para colocar tus cosas. En la parte de abajo había una pequeña nevera para las bebidas. También tenía la mesa esa con ruedas que se ajusta en altura para ponértela en la cama para desayunar o apartarla a un lado si te molesta. En esa habitación había cuatro camas separadas por cortinas, dos en un lado y dos en otro separadas por un pasillo. En la de al lado estaba el señor Takahashi, al que operaron las dos rodillas a la vez y del que me hice amigo y nos íbamos ayudando el uno al otro como podíamos.

Estas tres botellas me llamaron la atención:

Son una especie de Aquarius con minerales y sales para hidratarte. Me hicieron beberme las tres desde la noche anterior hasta cinco horas antes de la operación, supongo que con eso de abrirte y perder sangre, hay mayor riesgo de deshidratación y así vas bien cargadito por si acaso.

Me tiré toda la noche meando, también es verdad. :posna:

Como entré a eso de las once de la mañana, al de poco me trajeron la primera comida: su sopa miso y el arroz nunca faltaron, así como el té hoji, que es té verde pero tostado y que es lo que mejor huele de todo el universo conocido. Después siempre había encurtidos y verduras.

Pasé por rehabilitación y me estuvieron contando un poco el plan que íbamos a tener después de la operación. La cosa es ponerse a andar enseguida con el andador que me tenían ya asignado con mi nombre:

También vino una enfermera la noche anterior y me pintó una cruz en cada pie marcando la verdad es que no tengo ni idea de qué… me lo explicó pero no le entendí un からほ. Menudo misterio, además que las marcas estaban como a alturas diferentes… yo pensaba que iba a salir del quirófano con una pierna medio metro más corta o algo :noseyo:

Y luego la última cena antes del rajamiento culeiforme:

Esos soba me supieron a gloria y el pescado estaba buenísimo también. La verdad es que las comidas, quitando los desayunos, fueron de lujo:

Digo quitando los desayunos porque me traían un pan del 7Eleven, un zumo y un yogur que daba pena verlo, qué menos que un onigiri o algo, copón!

Mandaba fotos a casa para que los críos estuviesen tranquilos, era la primera vez en todos estos años que estábamos separados tanto tiempo…

Me llevé el ordenador y pasaba las horas muertas viendo series, os recomiendo muchísimo Landman si no la habéis visto, menuda maravilla. También me leí medio libro del Juan Gómez Jurado, el de Mentira.

La operación fue bien, aunque estuve muy acojonado y esa noche no dormí nada. No podía moverme, me tenían un aparato puesto en las piernas para estimular la circulación que hacía mucho ruido, me pusieron un aparato de hielo en la herida… me dolía la espalda horrores de estar en la misma posición tantas horas y me tenían puesto el clip ese en el dedo para medirte la saturación de oxígeno en sangre y también tenía vía puesta con suero, medicinas y la transfusión de mi propia sangre que me sacaron dos semanas antes.

No saqué ninguna foto porque esa noche fue horrorosa, me arrepentí cien veces por hora de haberme metido en ese fregado… buff…

Al día siguiente, mi vida era mayormente esto:

Dos medias de estas de compresión que daban un calor horroroso y que no me podía quitar bajo ningún concepto, y todo el rato tumbado en la cama. Por lo menos podía entretenerme con el mando parriba y pabajo.

Al de horas que parecieron meses, ya me instaron a que fuese con el andador hasta el baño y como vieron que podía ir solo, me quitaron la sonda del nabo. Hostia qué cosa eso de la sonda esa… la tienes puesta todo el rato y no te enteras pero la bolsa se va llenando, claro y tienen que venir a cambiarla. Pero lo peor es el momento de quitártela… la enfermera me dijo que cogiese aire y con una jeringuilla extrajo lo que quedase, que salió transparente, por cierto y me dio la impresión de que me estaba meando encima. Después sacó el tubo y yo juré que nadie más volvería a mancillar mi simpático miembro de esa manera. Joder que cosa esto. Foto no hay, claro, nos ha jodido :fliper: :flipader:

Luego ya empecé a comer cosas solidas y me quitaron la vía también. Ya se iba vislumbrando la luz al final del tunel. Me contaron cómo me debía vestir y desvestir para ducharme usando la magic hand esa, porque con la operación no te puedes inclinar hacia delante. Vamos, que todavía hoy no puedo agacharme por ejemplo, los primeros meses son cruciales hasta que suelde todo bien, así que sigo con la magic hand para todo.

Ahí, con las duchas diarias, me di cuenta que no tenía suficiente ropa interior y le pedí a Chiaki que me trajese. El hospital está a un cuarto de hora en bici de casa y aunque no se admiten visitas, si que pueden venir a traerte cosas. Ella metió también un par de dibujos y cartas de mis hijos que me hicieron especial ilusión:

También me dieron un saco de medicinas y un papel donde ponía qué tenía que tomar y cuando. La enfermera quería que lo hiciésemos nosotros porque después tendríamos que seguir tomándolas en casa, así que a las mañanas tocaba preparar todo el tinglao. No era difícil pero había que andar con ojo y la enfermera siempre revisaba antes:

La comida del fin de semana era como más elegante, o esa fue mi impresión…

Y los días eran calcos del anterior: preparar medicinas, comer, subir a rehabilitación dos veces al día, visitas al baño, dormir como se pudiese y vuelta a empezar.

Hasta que me quitaron el andador y estuvimos practicando con el bastón. Al principio la verdad que muy bien, pero hubo una tarde volviendo a la habitación que me dolía muchísimo y no era capaz de apoyar la pierna. Entramos en pánico y me llevaron en silla de ruedas a sacar una radiografía de urgencia. Era fin de semana, pero el doctor la revisó y me confirmaron que estaba todo bien. Al principio hay mucho riesgo de fisura en el hueso y eso retrasaría todo muchísimo, al menos un mes más en cama sin tratar de andar hasta que se curase. Menos mal que no fue nada. Al día siguiente ya andaba «normal» otra vez. Hostia qué mal lo pasé ese rato también.

Aunque me hicieron un downgrade y del bastón no volví al andador, pero si a las muletas de estas de toda la vida que me permitían andar más fácil. No tengo foto, así que os pongo la de la mascota de rehabilitación que me parece de putos genios:

A parte de rehabilitación, me mandaron ejercicios para hacer tumbado en la cama, me daban hielo que me tenía que poner en la cicatriz para tratar de bajar la inflamación y me daba masajes con el cacharro este en la pierna.

↑ Esto envuelto en una toalla puesto en la cicatriz todo el rato. Por cierto que no me dieron puntos, me explicaron que usan un pegamento que lo aplican, cierran la herida y en nada está sellado. Vaya movida, es cierto que no tenía puntos…

En rehabilitación me volvieron a hacer upgrade a bastón y ya me daba mis buenos paseos por el hospital sin demasiado dolor. Como andaba ya, no hacían falta las medias de compresión, ya íbamos durmiendo un poco mejor… hasta que llegó el día del alta. Me cambié de ropa y les mandé esta foto a los críos diciéndoles que me moría de ganas de verles:

Vaya movida todo… te lo digo…

Ya doy paseos

Ya doy paseos

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Joder, si hace cinco años me dijeran que iba a escribir estos posts, madre mía :LOL:

Bueno, pues si, ¿qué pasa?, ya puedo dar paseos. Fui a la revisión del médico y dos semanas después de la operación, ya me dejan que salga un rato a pasear por el vecindario con el bastón. No es que me dejen, es que me recomiendan que lo haga, así que ya voy andando hasta el cartel de la Takaichi con el gesto de apretujar los huevos de los gaijines, que queda a casi diez minutos de casa.

Ya doy paseos

Cada día un poco más lejos hasta que llegue al konbini, que está como a un cuarto de hora. La semana que viene volveré a acompañar a mi hija al colegio. La verdad es que si tenemos en cuenta todo el Cristo que me han hecho ahí en la cadera, es bastante acojonante que pueda andar más o menor normalmente sin dolor.

También he vuelto a currar, como ya conté y me he enfrascado en hacer un foro en la web de ohayers. Sigo creyendo que no hay un sitio de este estilo donde los residentes compartamos información actualizada de webs, lugares, eventos… yo al menos no lo he encontrado en castellano y sigo intentando crear uno, aunque es difícil, la verdad, la gente últimamente solo ve vídeos en instagram. Hice un Discord pero era un coñazo entrar ahí y los posts se perdían, también lo intenté en Reddit y no me acabó de gustar, así que directamente he programado yo unos foros y los he puesto ahí, ojalá os guste y entréis y compartáis vuestras movidas también.

:amosahi: https://ohayers.ikublog.com/forum :vainas:

Y nada, que esta semana es la última que se puede conseguir el libro en Kindle Amazon por 2€.

Hoy mi meta es intentar llegar hasta la huerta de pepinos de cerca de casa :cebolleter:

Cosas que quiero hacer

Cosas que quiero hacer

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Han pasado ya dos semanas desde la operación. Antes, apenas podía andar más de diez o quince minutos sin que me doliese muchísimo, pero podía montar en bici, así que iba en bici a todos lados. Justo antes del ingreso, me fui hasta Shibuya, unos 12 km desde casa, a puro pedaleo porque sabía que iba a pasar mucho tiempo antes de poder volver a subirme a una.

Ahora estoy prácticamente encerrado en casa. Puedo andar con el bastón, pero muy poco, no mucho más que pasear pasillo arriba y pasillo abajo dos o tres veces al día. También puedo subir escaleras si voy despacio y de una en una, pero no conviene que lo haga muchas veces, así que subo a la planta de arriba de casa una o dos veces al día como mucho.

Esto va a ir para largo y tengo paciencia, pero también muchas ganas y muchas metas que cumplir según la hoja de ruta que los de rehabilitación me han dado:

  • Poder ir hasta el konbini con el bastón. Esto ya implicaría salir de casa y dar un paseo de unos veinte minutos en total. Yo diría que en dos o tres semanas lo tendríamos.
  • Poder conducir. Esto es curioso porque, aunque no pueda andar sin bastón, en un mes te dicen que puedes conducir el coche con normalidad.
  • Poder recorrer distancias más largas: una media hora sin parar demasiado con el bastón, lo que me llevaría a poder ir a cualquier restaurante o tienda cerca de la estación. Esto en mes y medio, quizás, el objetivo es seguir usando bastón, pero evitar la cojera.
  • Poder andar sin bastón distancias cortas. Quizás en dos meses.
  • Poder andar sin bastón distancias medias. De tres meses en adelante.
  • Poder ir hasta el gimnasio y hacer tren superior en máquinas, sin tener que coger peso, pero sí ejercitarme sentado. Las máquinas de hombro y pecho, y luego cables para bíceps y tríceps. Debería ser viable.

A partir de ahí, pues andar cada vez mejor sin bastón evitando cojear, para lo que quizás tenga que pasar medio año, hasta noviembre o por ahí.

Lo siguiente sería volver a coger la bici, que es de las últimas metas que se proponen porque es peligroso, no por el movimiento de pedaleo, que es inofensivo, sino por movimientos repentinos, en plan tener que frenar de golpe y apoyar la pierna, o por si te caes, que te puedes dislocar el invento.

Como meta final a largo plazo, para primavera del año que viene me subo el Takao con todos los que os queráis apuntar, ¡esperemos que siga sin haber osos, que cada vez andan más cerca de Tokio!

Cosas que quiero hacer
La entrada a quirófano

La entrada a quirófano

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No dejo de darle vueltas desde que he vuelto a casa a la entrada a quirófano. Yo me imaginaba algo así como estar tumbado en una cama de esas con ruedas, enchufado al gotero, con la mascarilla esa que te da oxígeno… y nada más lejos de la realidad.

Aunque tenía hora de operación, las once de la mañana, ésta estaba supeditada al éxito de la operación programada antes. Es decir, si acababan antes, entraba yo antes y al revés, que es lo que acabó pasando. Una hora antes me dijeron que me pasase por el baño si me hacía falta y me dieron la ropa de quirófano para que me cambiase. No sé cómo será en otros lugares, pero aquí es simplemente una bata abierta por delante, aunque se ata con unas cuerdas al estilo de los jinbeis. Es decir: no se te ve el culo como sale en las series americanas; de hecho, yo iba con mis calzoncillos puestos, como me indicaron.

La enfermera venía de vez en cuando actualizando el estado de la anterior operación: «Parece que van a acabar un poco antes», decía al principio, pero finalmente fue un poco más tarde de lo agendado. Cuando llegó la hora, en vez de bajar en la camilla que os decía o en silla de ruedas, bajé andando por mi propio pie en un ascensor.

Fue una situación totalmente ridícula: yo, en ropa de operación, una enfermera, y otras personas ajenas a la situación montadas en aquel ascensor para ir a la planta baja, donde están el quirófano y además la recepción y las consultas del hospital. A mi lado había un señor de Kuroneko Yamato, la empresa de transportes, con un par de paquetes de Amazon, al otro lado, una señora vestida toda elegante, como si fuese a ir al teatro y después mi enfermera y yo, con la cara desencajada de miedo, yendo, casi paseando, al matadero.

Las puertas del ascensor se abrieron, el repartidor y la señora se fueron a recepción y nosotros tiramos para otra sala. Allí estaba el médico que me iba a operar, limpiándose concienzudamente las manos y medio vestido con uno de estos trajes EPI, o como se llamen, los que son impermeables a virus y esas cosas. Me saludó desde su habitación con la cabeza; esa fue la única vez que le vi hasta el día siguiente. Después, la enfermera de quirófano tomó el relevo de la mía de planta y me hizo una serie de preguntas:

—¿Sabes a qué vienes? —A operarme de la cadera derecha.

—¿Sabes cómo te llamas? —Diasu Osukaru.

—¿Sabes tu fecha de nacimiento? —25 de kugatsu de sen kyūhyaku nanajūroku.

Cuando se aseguró de que seguía cuerdo, a pesar del disparate de lo que me iban a hacer, me hicieron pasar a quirófano. Allí me tumbé yo solo en la camilla y ya fue cuando llegó el anestesista y me quedé roque en menos de lo que pude contar hasta roku. Pero justo un momento antes, de repente, sentí que no tenía fuerzas para respirar, que intentaba coger aire por la nariz y no podía… No he sentido tanta angustia en mi vida como en esos dos o tres segundos hasta que me dormí y, supongo, me intubaron.

Después, pues bueno, el disparate máximo: me abrieron por el exterior de la nalga derecha, una raja del tamaño de la altura de un teléfono móvil, más o menos. Por ahí me serraron la bola del fémur, me hicieron un agujero en este mismo hueso donde encajaron la parte larga de la prótesis. Después limpiaron la parte de arriba y anidaron la parte cóncava que conectaría con la bola. El orden probablemente no sea este, ya os digo que ni me enteré, claro, y menos mal. Y finalmente cerraron la herida con una especie de pegamento, por lo que no hizo falta dar puntos.

Hoy, ya en casa, no dejo de acordarme de esos momentos antes de dormirme en los que no podía respirar. Y de que compartí ascensor, en ropa de quirófano, con un repartidor de Amazon camino de mi operación, quitándole a la situación toda la épica debida.

Por cierto, el grupo de rehabilitación del hospital tiene mascota, y puede que sea lo más gracioso que he visto yo en mi vida:

La entrada a quirófano
Compañeros de bastón

Compañeros de bastón

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La habitación del hospital era compartida, ya sabéis, de estas más o menos grandes separadas por un mecanismo de rieles y cortinas que te «aíslan» del resto. En mi caso, otras tres personas más compartíamos ronquidos en aquel cuarto de aquel hospital a unos 12 km de Shinjuku.

Como pasa muchas veces, el único con nombre y apellidos en katakana era yo. No era raro ver las caras raras del resto cuando se me cruzaban por el pasillo camino del baño. Siempre hay una reacción de sorpresa, pero muy matizada y contenida, y mucha rigidez en el trato. Después, si intercambiamos alguna palabra y ya ven que la comunicación no iba a ser tan difícil, se diluye todo y solo quedan dos personas jodidas esperando para operarse, que es lo que éramos desde el principio. Y eso une, claro. «¿La cadera o la rodilla?» es una pregunta que me han hecho muchas veces estos días de ingreso. Diría que el ranking de respuestas que he escuchado ha sido la rodilla, la cadera y, bastante por detrás en ambos sentidos, la espalda.

Sorprende también que la media de edad es bastante superior a la mía, al menos en apariencia. Bueno sorprender sorprender, pues tampoco, lo raro es lo mío, el resto es esperable. Estoy bastante convencido de que seguir estirando con la intención de abrirme de piernas del todo a los cuarenta no fue una buena idea. De hecho, se lo comenté a los de rehabilitación y estuvieron de acuerdo conmigo en que, si bien no fue la causa del problema, seguro que aceleró el desenlace de la artrosis. El médico que me operó, por cierto, me dijo que efectivamente tenía los dos huesos tocando y aquello no había ya por dónde cogerlo. Demasiados años forzando la cadera a puro mawashi en la jeta del resto. Supongo que hacer esto con veinte años está bien, pero seguir a ese nivel con cuarenta, pues ya no. Ojalá me lo hubiese dicho alguien, no habría dejado el karate pero me lo habría tomado con más calma.

O no, qué cojones, que me quiten lo pateado, que me comía el tatami y no había momento del día que viviese con tantas ganas.

De los cuatro lisiados que estábamos en aquella habitación, dos fuimos constantes. A los otros dos los cambiaron: uno porque le dieron el alta y al otro, pues la verdad no sé decir. Supongo que por lo mismo, pero coincidió con mi operación y estuve un día y medio que no me enteraba de nada. No me acuerdo de sus caras tampoco, la verdad, sé que uno era muy pero que muy mayor y no sabía muy bien donde estaba; el pobre hombre sólo quería irse a su casa con su mujer.

El que quedaba a la derecha de mi cortina derecha era un señor calvo, gordito, bajito, con las dos rodillas operadas. Era una persona afable, extrovertida, de estas que saludan a todo el mundo, pero no solo con un movimiento de cabeza sino con alguna palabra que señale el momento del día del encuentro seguido de un token quedabien de los muchos que manejaba: «buenos días, ¿hemos dormido bien hoy?», «buenas tardes, hoy la merienda un poco sosa, ¿eh?», «buenas noches, ¡te echo una carrera hasta la puerta!».

También hablaba mucho por teléfono, sobre todo con compañeros de su empresa a los que les contaba su situación y les pedía favores: «habla con Kimura para pasarle el nuevo enlace y dile que no puedo reunirme en un mes al menos», cosas así. Las enfermeras no solo le tomaban la temperatura, sino que se tiraban un rato con él hablando de esto y de aquello y echándose unas risas. Ya sabéis, este tipo de persona.

Yo, de tanto oírle hablar, me hice amigo de él sin ni siquiera él saberlo. Me cayó bien. Es como cuando salen los de Estopa por la tele hablando entre ellos, que te caen bien ya para siempre. Algo así, pero en señor japonés bajito con panza.

Y ya que íbamos a estar allí una semana juntos, y esto de hablar se me suele dar bien, decidí hablarle yo cuando nos cruzamos por el pasillo. Le llamé por su nombre: «Takahashi-san, soy el de al lado, nice to meet you». Esto último lo dije en inglés porque sé que le haría gracia y él me contestó también en inglés: «nice to meet you too!», y después algunas frases de estas de calibrar el nivel de japonés del adversario, primero muy simples y muy bien pronunciadas y si la respuesta es coherente, ya se puede pasar al nivel «persona normal».

Después nos hemos hecho visitas a la «habitación de cortinas» del otro, siempre protegiendo la intimidad, solo cuando la cortina estaba tan entreabierta que invitara a ello. Y hemos hablado de muchas cosas: de Iniesta, de España, de mi trabajo, de mi familia, de su perro Husky Siberiano precioso, de mis dos hijos. Y nos hemos dado muchos ánimos en todo momento: por el pasillo con las muletas, yo con mi cadera recién operada, él con sus dos rodillas. En rehabilitación a veces nos cruzábamos al andar en las barras y chocábamos los cinco mientras los médicos se descojonaban; si uno de los dos iba a la máquina a comprar té, le traía una botella al otro sin tener que pedirla.

Roncaba como un ropero del Renacimiento sin engrasar, también hay que decirlo, pero nos hicimos buenos amigos.

Yo me fui un día antes que él. Dos rodillas ganan a cadera, ya sabéis, él lo tiene un poco peor que yo en esto de la recuperación. Pero intercambiamos el Line y ya estamos conectados. No vivimos demasiado lejos y tenemos una promesa que cumplir cuando nos medio olvidemos del bastón de aquí a unos meses: yo le cocino una paella y él me presenta a mí y a mis hijos a Ginchan, su Husky con ojos de colores de soñar en invierno con que hace calor.

También por la escasa distancia que nos separa, creo que esta amistad va a durar más que otras. Me da a mí, fíjate tú, tenemos mucho que compartir entre muletas, bastones y sacos de medicinas después de cada comida.

Ayer acabé el día casi sin poder apoyar la pierna, pero hice todos los ejercicios que me tocaban. Hoy me he levantado y casi no necesito el bastón. Seguimos avanzando.

Compañeros de bastón
Puestos a pensar

Puestos a pensar

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Lo he pasado muy mal en el hospital. Me ingresaron un día a las once de la mañana y hasta el mediodía siguiente no me operaron. Esta espera fue infernal y me dio por pensar un montón de cosas que no tenían demasiado sentido, pero ahí las escribo para que no se me olviden y poder reírme de ellas en un futuro próximo:

  • ¿Y si viene un terremoto grande mientras me están operando?
  • ¿Y si el cirujano abre y resulta que mi estructura ósea es diferente a la de los japoneses y no sabe cómo seguir?
  • ¿Y si se equivoca y me opera la pierna izquierda en vez de la derecha?
  • ¿Y si se deja unas tijeras o algo dentro después de cerrar?
  • ¿Y si me despierto en mitad de la operación porque la dosis de anestesia necesaria para un occidental es distinta y no lo han tenido en cuenta?
  • ¿Y si me queda una pierna más larga que la otra para siempre?
  • ¿Y si no me despierto y estas son mis últimas horas de vida?
  • ¿Y si sale todo mal y me quedo mucho peor de lo que estaba?

Pensaréis que no tienen ningún sentido, pero en esas horas previas sin mucho que hacer, parecían tan razonables, tan creíbles… sobretodo la del terremoto, que faltó poco para salir corriendo del hospital. Bueno, si hubiese podido correr, claro.

Hoy ya he andado un poco más por el pasillo con el bastón y no me ha dolido tanto, también he podido dormir muy bien. Vamos progresando.

Puestos a pensar
Ya estoy en casa

Ya estoy en casa

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Todo fue bien. No he pasado más miedo en mi vida, también te lo digo, pero ya estoy en casa echando carreras con las arañas por el pasillo a puro bastón. Hay días mejores y días peores, pero parece que vamos progresando.

Las primeras semanas son cruciales y hay muchos movimientos que no puedo hacer hasta que sane todo, y lo que más me está costando es estarme quieto, no paro dos minutos en el mismo sitio… buff…

¡Pero ahí vamos! No creo que me ponga a hacer vídeos así tan fácilmente, pero iré dando cada vez más señales de vida.

¡Nos vemos en la obra!

Ya estoy en casa
Escobeeeeeeeeeeer que barreeeees con ikigaiiiiiiiii 🎶🎵
El coste de la operación

El coste de la operación

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Hasta ahora, quitando el dentista, siempre he pagado muy poco en las clínicas. Aquí siempre pagas por cada visita aunque, en la mayoría de los casos, no suele pasar de los mil o dos mil yenes. También se pagan los medicamentos aparte, pero siempre suele ser muy poco.

Los dentistas van aparte, como digo. Aunque las visitas con limpieza y tal no cuestan casi nada, como tengan que encargar algo a medida: una prótesis o un puente, eso ya lo pagas tu y es un dineral. Una muela que me pusieron a mi por ahí costó cerca de 80.000 yenes, y no os hablo ya de un implante que se te puede poner de 300.000 yenes para arriba…

Aquí tenemos un seguro que paga la empresa y que te costea el 70% de la factura de clínicas u hospitales, el 30% lo tienes que pagar tu de tu bolsillo. Y también existe un sistema por el que hay un límite mensual de gastos médicos y si te pasas de ese límite, se te devuelve el dinero después. Esto último depende de tu sueldo, si cobras mucho, el límite es más alto y se te devuelve menos.

Aquí va un desglose aproximado del coste de mi operación, por si alguien que viva en Japón está en alguna parecida:

  • Múltiples visitas al hospital para pruebas, pongamos que unas 5 a 2000 yenes cada una: 10.000 yenes.
  • Dos visitas con pruebas exhaustivas (MRI, CTI, análisis de sangre...): 2 x 15000 yenes cada una: 30.000 yenes
  • Operación: 255.000 yenes (30% del coste real después de aplicar el límite mensual)
  • Estancia en el hospital: 6 noches en habitación compartida x 2500 yenes: 15.000 yenes

Total: 310.000 yenes

A eso habrá que sumarle las múltiples visitas a rehabilitación después, las revisiones con las pruebas y las medicinas que supongo que me recetarán. Total, que yo estimo que unos 400.000 yenes. Aunque no estoy al día de cómo funcionan las cosas ahora, en España supongo que todo esto sería prácticamente gratis…

Total, que aquí va mi consejo para cualquiera que viva aquí: ahorrad siempre, tened siempre una cuenta en algún sitio reservada para emergencias médicas, sobretodo si tenéis familia, porque la hostia que se te puede venir es chica…

Quedan 10 días para que me ingresen, por cierto…

El coste de la operación

 

¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas?

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Mucha de la gente que me rodea ya sabía que andaba con dolores raros en la cadera, pero cuando ya tuve el diagnóstico y se decidió que no quedaba otra que operar, tardé bastante en contarlo. Mi familia lo sabía, claro, y también había que cuadrar las fechas en la oficina así que mis compañeros se enteraron enseguida.

Pero dejé pasar algunos meses antes de que decidiese contarlo, digamos, que públicamente. Que no pasa nada, quiero decir que allá cada uno con sus cosas, pero pensé que probablemente alguien de los que me ven habría pasado ya por ese trago que me toca y, sin duda, la perspectiva de lo que va a a pasar será mucho más real si me baso en sus consejos y experiencias. Y así ha sido, ha habido quien me ha dicho lo que se viene y cómo afrontarlo, lo que conviene tener en casa… hasta me han mandado vídeos y hay quien ha sacado fotos a material que le han dado en sus hospitales y me las han enviado, material con recomendaciones, explicaciones…

Sin duda ha sido una buena decisión compartirlo porque, además, la conclusión a la que han llegado todos los que se han operado coincide: «si lo sé, me opero antes» y dime tu si eso no es la mayor motivación para seguir adelante con esto.

No sé hasta que punto podré hacer vida normal, probablemente no será buena idea volver a karate ni liarme a correr por ahí, la verdad es que ahora mismo me conformo con poder echar una carrera de vez en cuando detrás de mis hijos y cogerme un tren algún que otro fin de semana para subir al monte Takao a echarle fotos al momiji.

Ayer, un buen amigo que vive también en Tokio, me mandó un mensaje de ánimo, como tantos que he recibido últimamente y por los que estoy tremendamente agradecido. Pero lo que me llamó la atención es que acabó con un «dime qué necesitas» que hizo que me derrumbase completamente y rompiese a llorar durante un buen rato. Fue repentino, muy primario, desproporcionado… Quiero decir que no es que necesite nada en realidad, pero nadie me lo había preguntado y ese simple gesto enganchó de alguna manera con todo el mecanismo de engranajes y ruedas que se había ido posicionando durante todas estas semanas al otro lado del esternón y ya no hubo quien parase las lágrimas durante un buen rato.

«De momento nada, muchas gracias!», le contesté como si nada y después dormí como hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Me estarás leyendo ahora. Muchas gracias, de verdad, pásate por casa algún día cuando vuelva del hospital y te enseño la cicatriz.

¿Qué necesitas?
Los 400ml de sangre

Los 400ml de sangre

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El médico nos presentó las pruebas y no quedó otra que asentir. Así que decidimos ir adelante con la cirugía. Tampoco nos lo pintó mal, quiero decir que una de las frases de las que no me consigo olvidar es «no hay nada que no vayas a poder hacer». Y como ahora no puedo hacer nada… tampoco hay mucho que pensar.

Desde ese momento, nos han ido guiando por todos los pasos por los que vamos a caminar, ojalá que sin demasiada cojera, por este camino de la operación. Todo está perfectamente pensado, estructurado y planeado. Sé perfectamente qué va a pasar antes y después, al menos lo que se puede pensar, estructurar y planear, claro, porque siempre puede haber imprevistos.

Al siguiente día tocaron pruebas, muchas pruebas, MRI, CTI, análisis de sangre, de orina… dos horas y media de ir pasando por máquinas y agujas. La cosa ya se iba poniendo seria.

Un par de semanas después, tocó hablar con el personal de rehabilitación. Allí comprobaron mi estado físico actual, si había o no músculos con los que trabajar, incluso grabaron mi forma de andar y hasta me midieron las piernas. Esto, creí entender, es porque después de la operación existe la posibilidad de que una pierna quede más corta que otra…

Parece ser que sigo en buena forma, a pesar de todo, y apenas habrá problemas después, pero aun así me llevé una tabla de ejercicios que tengo que hacer todos los días en casa para fortalecer un poco más la parte del glúteo. Y también me dieron una lista de cosas que convendría preparar en casa:

  • un bastón
  • una silla para la ducha
  • un aparato para poder ponerme los calcetines sin inclinarme
  • una silla para la entrada
  • una almohada extra para dormir con ella entre los muslos
  • una magic hand, la pinza esa para coger cosas del suelo sin agacharse

Y recomendaciones para el primer mes en casa después de la operación, entre las que destaca la de no subir escaleras, ya que yo vivo en una casa de dos pisos con el salón y la cocina en la segunda planta. Vamos, que me tocará hacer vida en la habitación de abajo y pedirle a la persona que esté arriba que me eche la comida en un cesto o algo. O eso o delivery a todo lo que da, supongo.

Ayer fue la última visita al hospital antes del ingreso y quizás la que más me imponía. Cada hospital es de una manera, pero en este tienen la política de usar la propia sangre del paciente para hacer transfusiones durante la operación. El doctor nos estuvo explicando que es para evitar alergias y rechazos y que es la mejor solución, pero también dejó claro que, si hiciese falta, está el banco de sangre como respaldo. A mí no me han operado nunca, ni en España ni aquí, así que no sé si esto es habitual o no, pero el caso es que en esta última cita se me dijo que me iban a sacar 400 ml de sangre…

400 ml de sangre a mí me suena casi a un botellín de Coca-Cola, que puesto así todo junto es como muchísimo, ¿no? Y las recomendaciones tampoco ayudaban: come muy bien esa semana, incluye alimentos con hierro como espinacas, hígado, ciruelas… también ven bien hidratado, no vengas en coche porque puede que te marees… vamos, que fui muy acojonado.

Haciendo caso de las indicaciones, en vez de ir en bici, como siempre, ayer cogimos el tren, pero llegamos demasiado pronto. Chiaki siempre me acompaña a las citas con el médico, no vaya a ser que entienda las cosas al revés como la vez aquella que, en vez de tomarme una pastilla después de cada una de las 3 comidas del día, me tomé 3 pastillas después de comer… bueno, entendedme, no es tan difícil equivocarse con las instrucciones si están en japonés y uno está con casi cuarenta de fiebre (buah, estoy vivo de milagro después de tantos años, cuántas de estas me habrán pasado sin enterarme siquiera).

Total, que decidimos meternos en una cafetería cercana a hacer tiempo. Me gusta mucho esto, no pasa a menudo por desgracia. No lo de ir a hospitales, sino lo de ir con Chiaki a tomar un café sin nadie más de por medio. Volver a ser novios, aunque sea por un rato. Pasa a veces cuando llueve y vamos en coche a dejar a June a la guardería y decidimos pasarnos por un Komeda a desayunar antes de ir al trabajo. Y hablamos de muchas cosas y, sobre todo, nos reímos mucho de todo. Estoy convencido de que, si no conociese a esa persona y de repente, por cualquier cosa, nos tocase hablar un rato juntos, yo volvería a enamorarme de ella. Es tan… tan todo… no puedo tener más suerte en este mundo.

Y aunque el café no ayudó, precisamente, a atemperar los nervios, ya iba llegando la hora de ir al hospital. Dos enfermeras, una bastante más mayor y otra más joven que yo, me llevaron a una sala y allí, siguiendo a rajatabla lo que me decían, me tumbé en una camilla con las piernas elevadas y me tapé con una manta. En el brazo izquierdo, el tensiómetro ese que te aprieta el brazo para medirte la presión arterial, y en el derecho una aguja «más gorda de lo normal» enchufada a una bomba que iba rellenando una bolsa con mi nombre. Soy A+, por cierto, que no lo sabía.

La enfermera más veterana no dejaba de preguntarme si estaba bien e insistía en que no me aguantase, que si me encontraba mal que lo dijese enseguida. Yo una vez, cuando recorría casi 20 km diarios desde mi casa hasta la oficina de Shibuya, me mareé en el chequeo anual este que te hacen en la empresa. Pero claro, 20 km en bici en ayunas más sacarle sangre a un tipo que pesaba 50 kg mojado igual no es la mejor de las ideas.

Pero no me encontraba mal más allá de lo incómodo de la situación. Es más, por los nervios supongo, no paraba de hablar con aquella señora que me sonreía divertida. Que si he comido un montón de espinacas, que si he venido en tren, que si no sabía el tipo de sangre que era hasta ahora, que tal y que cual. Chiaki, después, me contó que se me escuchaba desde la sala de espera…

Después de unos 20 minutos sacando sangre, me dejaron la aguja para estar otros tantos con suero para reponer líquidos. Ahí ya me quedé medio dormido.

Cuando acabó todo, me levanté con cuidado, como me dijeron las dos enfermeras que estaban atentas, pero la verdad es que me sentía normal. El brazo un poco dormido por no haberlo movido tres cuartos de hora, pero poco más.

Y ya pasado el trago «duro» del día, que no lo fue tanto, tocó hablar con el cirujano que nos explicó, una vez más, la operación. Es una técnica donde te separan el músculo en vez de cortar, con lo que la recuperación es más rápida. Nos contó que cortan la bola del fémur, insertan la prótesis dentro del hueso y limpian la parte superior donde irá la cavidad que albergará la bola de la prótesis. Todo en poco más de media hora. Lo contaba con una facilidad pasmosa, como si el de la tienda te enseña a cambiar las zapatas del freno de la bici, que lo ha hecho mil veces.

También nos enseñó, con una prótesis real en la mano, las limitaciones de movimiento que tienen al principio cuando los músculos todavía están débiles, y cómo movimientos como girar la pierna hacia dentro pueden hacer que se salga la bola, vamos, que se te disloque la cadera.

Impresiona mucho ver la prótesis real, es un aparato de metal «clavado» en el medio del fémur, lo que hace que los primeros meses el hueso esté muy debilitado y haya posibilidad de fractura, así que toca no moverse mucho más de lo que la rehabilitación mande. A mí me costará, porque no puedo estar quieto, pero vamos, que después de tener en mis manos el hierrajo ese, me quedó la cosa bien clara.

Luego ya nos fuimos a casa con medicina para combatir la posible anemia por la extracción de sangre. Y, creo que más por los nervios del día, yo me quedé dormido a las siete de la tarde hasta hace un rato, que me he despertado.

Lo siguiente es ya el ingreso en el hospital. Estoy muy motivado ahora mismo, vamos con todo. También es verdad que no me queda otra, pero qué menos que tirar para adelante con todo el ánimo posible.

Por cierto: cago negro por el suplemento de hierro que estoy tomando esta semana y me han dicho que pitaré en los controles de seguridad de los aeropuertos :D

Los 400ml de sangre