Todas las entradas de: Tío Tosca

El Fuji y yo ya somos amigos

El Fuji y yo ya somos amigos

15

El Fuji y yo nunca nos hemos llevado muy allá desde aquella vez que fuimos toda la familia a la mismísima ladera de uno de los lagos y no quiso asomarse ni para saludar, ahí agazapado entre las nubes.

Desde Tokio lo he visto muchas veces, a cinco minutos andando de mi casa, si subo una cuesta. Ahora en otoño lo veo casi todos los días; hoy también lo he visto. A mí todavía me impresiona, ¿eh? Veo vecinos míos que pasan por el mismo sitio y ni miran ya, con la ilusión con la que voy yo por ahí, que doy un rodeo siempre para ir al gimnasio solo para ver si lo veo.

Dicen que es de sabios subir una vez al monte Fuji en la vida y de tontos hacerlo más veces. Yo, que soy bastante idiota, lo he subido ya dos veces y mi hijo y yo tenemos la promesa de hacerlo juntos alguna vez cuando él sea más mayor, así como olvidándonos de que yo también seré más mayor, que en mi caso se nota tres veces más cada día, claro.

Ya veremos.

La verdad es que el Fuji desde dentro no es tan bonito. Al final es todo piedras y polvo que te vas tragando todo el camino, sobre todo en la bajada. Yo lo pasé bastante mal la segunda vez y me acordé muchas veces del dicho aquel: «una y no más, santo Tomás».

Eso sí, el Fuji, cuando es valiente y no se esconde el muy cabrón, desde fuera es lo más bonito que hay.

Ahora sí, ahora ya somos amigos.

El Fuji y yo ya somos amigos

Mi piso de Tokio los primeros 5 años

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En aquella habitación tan pequeña de Tokio viví menos de cinco años. No me importaba que fuese pequeño, total para estar yo solo… y las pocas veces que tuve compañía, pues mira, así estábamos más juntitos.

Pasé mucho frío allí… pero mucho… las paredes parecían de papel y hasta entraba aire por las ventanas aunque estuviesen cerradas, si no me creéis, preguntadle a las cortinas, que estaban de testigo. 

Si ya venía yo odiando los inviernos desde Euskadi, que ya es decir, aquí ya me acabaron derrotando del todo. 

Siempre he pensado que me moriré en invierno, espero que dentro de muchos años pero seguro que rondando Febrero o por ahí.

Quizás por esto mismo, voy reviviendo un poco más según se va acercando la primavera. 

En mi barrio no había nada más que árboles que vivían más o menos a la misma distancia unos de otros a lo largo de la misma calle que yo recorría cada día al menos dos veces. 

Como yo empecé a vivir allí a finales de año, esos árboles estaban tan pelados como mi corazón, como si estuviesen allí ya por inercia y diesen igual las hojas y los latidos.

Pero de repente a uno le salió una flor. Y después otra más, y todos se contagiaron y cuando me quise dar cuenta toda la calle se tiñó de color mentira. 

Resulta que eran cerezos y yo no lo sabía. Madre mía en qué se convirtió la calle por la que mi alma en pena y yo volvíamos de la oficina. Qué espectáculo, qué cosa más preciosa.

Mis vecinos del barrio, además, salieron de no sé donde todos juntos y decidieron vestirse bonito y bailar y comer y emborracharse y jugar a que jugaban debajo de aquel cielo de pétalos sabiendo de sobra que pocos días más iba a durar.

Y a mí, año tras año, se me olvidaba el frío.

La visita a la escuela

La visita a la escuela

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El jueves fui a ver una clase de mi hija a la escuela.

A veces hacen esto, que dejan que los padres vayan a ver y como vivimos al lado y yo trabajo desde casa, voy de todas todas.

No me llevé demasiadas sorpresas porque es la misma escuela a la que fue mi hijo al que también fui a ver muchas veces, pero si que habían cambiado algunas cosas. El edificio es bastante viejo ya, de ahí que estén construyendo uno nuevo al lado tapándome las vistas a mi, por cierto, que menudo Cristo me están montando aquí enfrente.

La visita a la escuela

Pero que sea tan antiguo a mi me gusta mucho, es muy entrañable ver como le han ido añadiendo cosas con el paso de los años que se nota que antes no estaban, como los aires acondicionados o los ventiladores que hay en los techos. Solo en la clase de mi hija había dos máquinas de aire acondicionado enormes en cada lado y cuatro ventiladores enfocados a los críos, que aquí el calor es cosa seria. También llevan los chavales un termo con su té de cebada tostada que le preparamos en casa, básicamente es simplemente meter una bolsica de té que venden en los supermercados en una botella con agua en la nevera. El caso es que aunque se para en Agosto, todavía hay clases en Julio y hace un calor acojonante ya y la pausa de hidratación la inventaron aquí antes que en el mundial.

Ahora los chavales tienen todos un iPad que lo pone la escuela. Está capado, es decir, no pueden hacer nada más que utilizar las apps de la propia escuela y casi nada más, y por ahí el profesor les pone los deberes o les manda mensajes con lo que tienen que traer al día siguiente y tal y ellos mismos se encargan de mirarlo. Es un iPad A16, modelo del año pasado, que se los dan con teclado y funda y tal, y vienen ya con tarjeta SIM de Docomo, todo pagado por la escuela. Mi hijo tiene otro igual, por cierto, y un día se resbaló y se cayó encima de la mochila con el resultado de una rodilla despellejada y la pantalla del iPad rota, pero le dieron uno nuevo sin problema. Que no es que se los den, que los tienen que devolver después, pero me parece la hostia que todos tengan uno a su disposición.

Cuento esto del iPad porque me llamó la atención la manera de enseñar del profesor: tienen una pizarra verde de tizas de toda la vida, pero pegada a la pizarra hay otra blanca enrollable, es decir, que cuando quiere utilizar la blanca, la desenrolla desde un lado y la ancla al otro lado y de repente tenemos una pizarra blanca de estas de escribir con los rotuladores. La cosa es que este cambio no tendría mucho significado si no fuese por el proyector del techo, porque la función principal de esa pizarra blanca es servir de pantalla para el proyector. Proyector que está conectado al iPad del profesor donde, previamente, ha sacado fotos a los ejercicios que les pone a los chavales. Es decir, imaginaos un cuaderno de rubio con sumas y restas, el profesor le saca una foto a las páginas sin rellenar y proyecta esto en la pizarra en grande, que ahora es una pantalla, para que todos lo vean.

Pero como es una pizarra blanca, también se puede escribir encima, así que en los huecos donde van las respuestas, el profesor, después de dejar un tiempo prudencial a los chavales para que los hagan en su propio cuaderno, va haciendo los ejercicios él también. No ha tenido que copiar enunciados ni hacer nada, simplemente resolver con el rotulador los ejercicios. Me pareció muy simple y genial a la vez, no sé como se hará esto en España, pero en mis tiempos era todo a pura tiza y pizarra. Pasar de página es simplemente deslizar el dedo en el iPad y borrar lo que tenía escrito con el borrador, simple y efectivo a más no poder.

Otra cosa que me gustó es que tenían actividades de grupo que se juntaban cuatro y preparaban la lectura de un cuento pero a la hora de decidir cualquier cosa, todos lo hacían a piedra, papel y tijera. Incluso para decidir qué grupo salía a leer delante de todo el mundo, toda la clase hizo piedra papel y tijera e iban descartando hasta que quedase el que ganó. Todo esto alentado por el profesor, ¿eh?, es el método que se usa para decidir cualquier cosa de forma «equitativa». Me hizo mucha gracia y me gustó también.

También tengo que decir que los chavales son exactamente igual que en cualquier país del mundo, al menos que en España: los hay tímidos y educados y también asalvajados como ñús. Había alguno que prácticamente no se calló en toda la hora, otro levantándose y corriendo por ahí, otro tirándole lápices a la gente… en fin, para que luego digan que los niños japoneses y la educación y misco33… bendita paciencia la del profesor. Esto lo cuento también en el libro que estoy escribiendo, por cierto, entre otras estupideces que cuentan y repiten como loros los influencers cuando vienen aquí dos días sin tener ni puta idea de nada, por decirlo en keigo.

El resto de padres me parecieron gente maja, bastante normal, pero hubo uno que prácticamente no dejó de mirar el móvil en toda la clase, que su hijo le hacía gestos y ni le miró. Y otra artista que empujó a todo el mundo para entrar la primera, que hace falta ser gilipollas para hacer eso sabiendo que nos vamos a ver muchas más veces, que no vamos a ser desconocidos precisamente… no me extrañó saber que su hijo era de los que más la liaban…

En fin, la gente es como en cualquier escuela de cualquier país del mundo, qué os voy a contar, es absurdo idealizar este país como se hace en las redes.

El profesor de mi hija, por cierto, me cae muy bien, tiene muy buena mano con los críos y no sé si será porque estábamos los padres delante, pero una paciencia infinita. Yo habría dado cuatro voces a los cinco minutos de empezar la clase, madre mía que puta locura es eso.

Y mi hija la mejor. Que no es porque sea mi hija, que también, pero vamos, donde va a parar :dientes:

Mi primer piso de Tokio

14

おはよ〜, buenos días!

Este es el piso en el que viví mis primeros años en Tokio allá por el 2007. Era prácticamente una habitación de 20 metros cuadrados, centímetro arriba centímetro abajo. Tampoco es que me fuese a tropezar con nadie y mi melancolía cabía perfectamente en el armario de detrás del espejo del baño, para no encararla demasiado. Era pequeño, pero total, para lamerse uno las heridas tampoco hacía falta una mansión. Bueno, vale, que no podía pagar nada mejor tampoco. Pero se pasaba la aspiradora pronto por lo menos.

En aquel barrio de NishiMagome no había más que un supermercado, una droguería y un 7Eleven, pero me quedaba cerca de la oficina y a la vez del dojo de karate, que era prácticamente de lo que se componía mi vida de entonces. Mientras tecleaba o daba patadas no me acordaba mucho de eso de los sentimientos y esas milongas.

Salía también mucho a correr por el barrio y un día desde un alto vi una pagoda que sobresalía entre las copas de los árboles como si fuese una postal de Kioto o algún sitio así. Al llegar allí me encontré el escenario de una película de Kurosawa, pero en color. El lugar más bonito que había visto yo nunca estaba a cinco minutos de mi casa. Y rara vez había gente.

Allí lloré muchas más lágrimas de las que jamás admitiré. Era el lugar al que iba, casi siempre por la noche y con dos latas de cerveza a sentarme en las escaleras del templo a discutir seriamente conmigo mismo sobre qué íbamos a hacer a partir de entonces. Nos peleábamos más que entendernos, pero cuando llegaba al futón, tenía siempre las cosas un poco más claras, la visión bastante más borrosa y media resaca despertándome por la mañana.

20 de 50

24

こんにちは。 Llevo 20 años viviendo en Tokio.

Vine con 30 y voy a hacer 50 este mes, así que, si echo la cuenta, la mayoría de mi vida adulta la he vivido aquí.

A veces no sé ni por qué vine. Creo que me cansé de no importarle a quien me importaba o algo así.

Aquí me dieron trabajo y, de repente, encontré mil millones de cosas que hacer, digo yo que para olvidarme de que estaba solo.

Trataba de contestar en japonés hasta que ya lo hacía sin intentarlo, y así con todo. De tanto fingirlo, nos lo acabamos creyendo todos.

Y siempre rodeado de tanta gente.

Pero tanta gente.

Me han tratado bien la mayoría de las veces. Hice algunos amigos. También encontré a quien me despreció y ninguneó… No me preguntéis: siempre se me ha dado bien olvidar lo que no me conviene.

Hubo quien se acercó a mí para tratar de entender al que era diferente, aunque, por muchas razones, pocas personas, creo yo, me entendieron de verdad. Con una de ellas me casé, y después nació mi hijo. Apenas había empezado a jugar a ser padre cuando nació también mi hija, y ahora resulta que soy más de aquí que de allí… o que ya no sé de dónde soy, o yo qué sé.

A veces me gusta estar aquí y, a veces, la verdad es que no. Supongo que será normal: uno tira los dados cada día y, si no casan, a lo primero que le echas la culpa es al tapete.

De momento, aquí sigo, en esta locura de ciudad, soplándole al cubilete cada mañana. Si te quedas por aquí, te cuento más cosas, a ver si entre los dos somos capaces de encontrarle sentido a algo.

それでは、またね。気をつけて。

3 meses y 5 días después

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El martes volví al hospital donde me cortaron el fémur para introducir un artefacto de hierro unido a una bola que se iba a convertir en la base del juego de mi pierna derecha, esa con la que endosaba mawashi geris en la cara a gente que me sacaba la cabeza. Si lo piensas, es una locura muy grande… todavía hoy, con el chisme dentro, me lo sigue pareciendo. A veces visualizo en mi cabeza cómo el cacharro ese está moviéndose según la posición en la que me encuentro… si giro la pierna hacia la derecha, la bola estará girando para ese lado y el fémur entonces quedará alineado así, ¿se desgastará si ando mucho? ¿igual chirría y hay que beber aceite de oliva o algo?.

Es de locos esto, en serio. Pensar que yo estoy moviendo mi pierna como siempre, pero que lo que hace que yo siga haciéndolo es un engranaje metido dentro de mi cuerpo todavía no sé ni cómo, me sigue pareciendo de ciencia ficción.

A este hospital de Setagaya, en Tokio, he seguido yendo todas las semanas desde la operación. Aquí el sistema, la manera de proceder está muy pensada. Quiero decir que estoy en un grupo de Reddit de operados de la cadera por todo el mundo y en Japón se hacen las cosas distintas, a juzgar por lo que cuentan allí. A mi me tuvieron una semana ingresado, no se aceptaban visitas de ningún tipo, todo estaba planificado a la hora: ducha, comida, rehabilitación, medicinas, masajes, la máquina de frío, el tiempo de descanso… Y una vez en casa, la rehabilitación y los chequeos han seguido el mismo patrón de organización: una vez por semana a revisar rango de movimiento, el primer mes todo con bastón, el segundo ya subimos y bajamos escaleras alternando los pies, empezamos con sentadillas y estiramos de esta o aquella manera…

Si lo que cuentan en Reddit es verdad, básicamente a la gente la chutan a casa al día siguiente puestos hasta arriba de pastillas y que se busquen la vida encontrando donde les hagan el physical therapy, como le llaman ellos. Yo una semana después ya no tomaba nada para el dolor porque no me dolía nada, por no hablar de la cicatriz, que la mía es la mitad de las que pone ahí la gente que vaya escabechinas les hacen. Supongo que he tenido suerte de que esto me pase aquí y no en los EEUU de donde intuyo que es la mayoría de la gente de ese grupo. No tengo ninguna duda de que en España también hubiese sido igual o mejor que aquí, por cierto, en sanidad si no somos los mejores del mundo, cerca estaremos.

Pues el martes yo volvía a la revisión de los tres meses. Es importante porque es la fecha clave en la que ya se supone que la prótesis está ya asimilada, se ha construido hueso y músculo alrededor y no es tan fácil que se disloque, que se salga, que es el mayor riesgo de esta operación. Yo iba con ilusión porque aunque estoy recuperando poco a poco mi vida anterior, aún hay muchas cosas que no puedo hacer y con cada visita al cirujano albergo la esperanza de que me deje hacer algo más y así huir un poco más del viejo Toscano y acercarme a esa persona joven que yo pensaba que era hace medio año, cuando no necesitaba un bastón ni tenía que dormir con una almohada entre las rodillas.

Llegué algo menos de un cuarto de hora antes y enseguida me hicieron pasar a la máquina de MRI, recuerdo que antes de la operación, el resultado de esta máquina fue decisivo porque la resonancia magnética detectó que el interior del fémur se estaba quedando hueco debido al roce y que el dolor que sentía solo iba a ir a más con el desgaste. Ahora estábamos comprobando si un artilugio de titanio y cerámica seguía en su sitio ahí haciendo su juego como lo planeó algún ingeniero, a lo robot de Boston Dynamics: que me empujen y que no me caiga, ¿no sabes?.

Qué cosas.

La siguiente prueba eran simples radiografías, pero cual fue mi sorpresa cuando en la sala de espera me encontré al señor Takahashi. Tenía sentido, claro, nos operaron a la vez, nuestras revisiones coinciden en el calendario, raro era que la hora no lo acabase haciendo también.

Me alegré, de corazón, de verle.

— Oskar chaaaan, ven, siéntante aquí, ¿qué tal estás? ¿y el bastón?

— Takahashi san, cuanto tiempo, ¿qué, a la revisión, no?

Y de repente estábamos hablando como cuando nos operaron y las pasábamos putas uno al lado del otro en aquella habitación tratando de distraernos del dolor a pura conversación entre dos personas de razas y culturas distintas que compartían, desesperados, interminables noches de no poder dormir.

Al de un rato de ponernos al día, yo me sentí un poco mal porque mi recuperación había sido mejor y, por alguna absurda razón, exageré el dolor que sentía a veces e incluso mentí diciendo que todavía usaba el bastón de vez en cuando, aunque la realidad es que ahora mismo ni sé donde está porque lo guardó mi mujer en algún rincón del trastero.

Supongo que fue por empatía, pero hoy, escribiendo sobre ello, sigo sin verle el sentido a lo que hice. Debería haberle dicho la verdad, que estaba ya muy bien y que podía hacer vida muy normal sin ningún problema.

ごめん。

Él, como siempre, estaba de muy buen humor y mejor ánimo. Todavía tenía dolores, sobretodo al bajar las escaleras y me contó también que se cayó de la cama un día y se golpeó una de las dos rodillas operadas y se le abrió la herida. Yo le vi bien, pero no tan bien como habría esperado por comparación.

De repente pasó una de las enfermeras que nos atendió a los dos aquella vez. Enseguida ella se paró y enseguida él le habló:

— Maeda chan, mira quien está aquí, Oskar chan

— Hombre, os ha faltado tiempo para sentaros juntos, ¿eh?

— Hoy ha venido solo, le ha dejado su mujer y vive solo, pobrecito, ¿no le ves que está triste?

— usooo daaaaa

En esas que me llamaron para las radiografías y al volver, decidí preguntarle por Ginchan, el husky siberiano cuyas fotos tan orgulloso me enseñó. Así me enteré de que se puso enfermo y murió casi de repente, que estaba bien un día y al otro no y que aunque le operaron, no pudieron hacer nada por él.

Lo contó afable, por supuesto que con pena, pero me habló con mucha delicadeza y ternura, como si el de la pregunta incómoda la hubiese hecho el amigo de alguno de sus hijos y no yo. Me contó todo lo que le había pasado, los años que llevaban juntos… y aunque yo le pedí perdón por haberle preguntado, quise entender que agradeció, de alguna manera, poder hablar de él con alguien ajeno a la situación.

Digo esto a tenor del buen rato que lo hizo sin yo haberle insistido.

Después le tocó a él entrar a hacerse las radiografías y tardó un buen rato en salir. Mi prótesis es solo una y yo me muevo con soltura, pero las dos de sus rodillas y sus más de 70 años son otro cantar.

Al volver empezamos a hablar de las vacaciones y de mis hijos y no sé qué le conté que se empezó a reír y el señor que estaba sentado a mi derecha en la sala de espera nos echó la bronca. Que hablábamos muy alto, dijo. Le pedimos perdón y estuvimos un rato en silencio hasta que llegó el turno de este buen hombre que desapareció por alguna sala del hospital.

— Hostia, se ha enfadado, ¿eh? —dije yo

— Bah, este tipo de gente sobra. Siempre hay gente así que le molesta todo, ni caso, a todo que si y a lo tuyo, no merece la pena ni discutir. Habráse visto que me eche la bronca a mi un viejo, aunque bien mirado era más joven que yo, jajaja, vaya amargao.

La señora que estaba enfrente sonrió conmigo al escucharle justo cuando Maeda chan, la enfermera, dijo mi nombre y me tocó entrar a hablar con el cirujano. Una hora más tarde de la cita que tenía, por cierto, algo bastante poco habitual aquí, quizás alguna urgencia que tuvo que atender entre medias le trastocó la agenda.

La resonancia magnética y las radiografías estaban perfectas, la cicatriz ya ni la miró. Ya no hay casi riesgo de que se salga la prótesis y conviene que empiece a hacer ejercicio más en serio, que vaya al gimnasio y que siga andando mucho, que coja la bici si quiero aunque con mucho cuidado porque cualquier golpe brusco es todavía peligroso y que nos vemos en noviembre para la revisión de los seis meses.

Al salir ya no estaba Takahashi-san. Me mandó un mensaje al line, que tenía un compromiso de trabajo en Ginza y que no le daba tiempo, que había cambiado la cita con el cirujano y que perdonase por no haberse despedido en persona, que le avise cuando tengamos un día libre y nos vamos a comer a la pizzeria del barrio.

大丈夫だよ!車には気をつけてね。妻と話して、また連絡するね。お大事に!!

Lo primero que hice al llegar a casa fue coger la bici y darme una putivuelta por todos los konbinis de mi barrio. Qué puto gustazo volver a la normalidad.


El obon

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Bueno, pues empieza el obon aquí en Japón, básicamente esto significa que la gran mayoría de la gente tiene una semana de vacaciones y en mi caso es la primera vez desde la operación de cadera que tengo tanto tiempo libre. Tiempo libre en condiciones, porque cuando volví a casa también descansé del trabajo, pero poca hostia podía hacer si no podía ni andar casi.

Total, que tampoco es que sea mucho tiempo, pero esta semana la voy a dedicar a retomar un poco todo lo que he aparcado estos meses por toda la movida. Lo primero es dar paseos, últimamente ya puedo estar más de una hora por ahí andando sin bastón y sin que me acabe doliendo demasiado. Los músculos de la pierna todavía están débiles, ahí cortaron la de Dios y está la cosa sin recuperar, pero ya no me duele la ingle como antes, es mucho más soportable y espero que con el tiempo deje de doler. Los paseos estos me dan la vida, os lo digo de verdad, ni calor ni hostias, me dan la puta vida.

Lo otro es tratar de avanzar más con el libro de «No hay Japón para tanto influencer«. En realidad nunca lo he dejado de escribir, cada día avanzaba un poco más, pero le falta el último empujón que lo deje ya listo para publicar. A ver si esta semana se lo puedo dar y dejo todo listo para las últimas revisiones, yo creo que está quedando bastante bien.

Y lo siguiente es hacer algo con la familia, claro, esto estaría por encima de todo lo demás aunque lo cuente aquí lo último. No es que esté en condiciones de hacer ningún viaje, no puedo estar mucho tiempo sentado con lo que ni trenes ni coches, pero a sitios más o menos cercanos si que podemos desplazarnos. Al Yomiuri, que lo tenemos cerca, a algún ryokan que aunque esté en el mismo barrio, es otra cosa pasar noche fuera de casa… a ver qué se nos ocurre.

Por cierto que últimamente me estoy replanteando lo de los vídeos de Instagram, ya sabéis que suelo coger reels que graban los influencers en Japón y desmiento lo que cuentan si creo que no es verdad. Al final muchos simplemente repiten como loros lo que han visto por ahí y ya está y no hacen más que contribuir a enfangar la imagen que se tiene de este país. Para lo bueno y para lo malo, ojo, que es curioso que mucha gente lo tiene hiperidealizado y otra lo odia a muerte. Yo trato de dar mi visión, que al final es que esto es mucho más normal de lo que se pretende, porque entre los ikigais por un lado y las máquinas expendedoras de bragas usadas por el otro, estamos arreglados.

El caso es que por una parte me da pudor arramplar vídeos que ha hecho otra gente y usarlos, que es lo que hago directamente, para hacer mis historias. Las cosas como son: les estoy usando directamente. Pero por otra, si yo sé que lo que se cuenta es mentira, ¿por qué me voy a estar callado?.

No sé, es un dilema que tengo últimamente.

Al final nos echamos unas risas de esta situación tan disparatada por la cual gente con miles y miles de seguidores vienen aquí dos días de vacaciones y mienten más que hablan a una audiencia ávida de estas chorradas. Y es una rueda que nunca para porque se copian entre ellos y al final lo que queda es una imagen absolutamente falsa del país.

En fin, con eso nos quedaremos: lo que yo hago no deja de ser humor y les falto mucho menos al respeto de lo que ellos lo hacen con lo que cuentan. Simplemente trato de dar mi visión haciendo mis putibromas, con peor o mejor fortuna, y si eso vale para que nos descojonemos del asunto, pues mira, ni tan mal.

Ala, y nada más. Que estoy de vacaciones y que ya tenía ganas.

Ala chavales, agur!

¿Y si juegas a golf?

¿Y si juegas a golf?

19

Tengo que ir una vez a la semana a rehabilitación al hospital. Una vez que el médico revisó que la protesis estaba en su sitio, que no había ninguna fisura en el hueso y que la cicatriz estaba sanando bien, es el personal de la quinta planta de rehabilitación los que están llevando mi recuperación.

Son ellos los que revisan la movilidad de la cadera, los que me hacen andar con el bastón de forma correcta para evitar toda cojera después y los que me dan consejos sobre qué movimientos y ejercicios debo hacer y cuáles evitar. Todavía tengo revisión con el cirujano, pero son más espaciadas, la siguiente es dentro de mes y medio.

El caso es que no puedo andar grandes distancias todavía, hay días en que no aguanto ni cinco minutos porque me duele muchísimo, así que los días que tengo que ir al hospital, lo hago en taxi. No me veo capaz de llegar hasta la estación todavía, aunque en el paseo de hoy he andado cerca.

Total, que llamo al taxi por la aplicación GO que me enseñó mi mujer y que no puedo recomendaros más, es facilísima de utilizar, está en inglés y te permite pagar con Apple Pay por ejemplo, además que a la hora de pedir el taxi, le pones tu destino y prácticamente no necesitas ni hablar con el taxista.

El viernes por la mañana me pedí el taxi de vuelta y cuando me subí, me empezó a hablar el taxista:


— Veo que vienes de la clínica de ortopedia, ¿te han puesto protesis?, como te veo con el bastón
— Pues si, la verdad
— ¡No te preocupes por nada!, tengo 78 años yo y me operaron hace 4 y voy todos los días a dar paseos por ahí y juego a golf y ya me ves que estoy aquí trabajando con el taxi
— Anda, jodé pues gracias por contarme esto, yo ando ahí a veces que me duele mucho y la verdad es que no tengo nada claro
— ¡NI TE PREOCUPES!, mira mira —aprovechando que estamos parados en un semáforo, se remanga la pierna y me enseña una cicatriz en la rodilla —menudo tajo me hicieron aquí, ¿ves?, pero vamos, que ni me acuerdo, operarme fue lo mejor que he podido hacer
— Ah, pero a mi he han operado de la cadera, no de la rodilla
— Ah bueno, de eso no sé. Pero vamos, que como sea como lo mío, ni te vas a acordar que te hicieron nada. Ando todos los días 20.000 pasos, no te digo más
— Jajaja, bueno, pues me alegro mucho de escuchar esto, me da muchos ánimos
— ¿Hace cuanto que te operaron?
— Pues no hace ni un mes
— Aaaaah, nada hombre, entonces claro que tendrás molestias, ¿a que no puedes dormir bien?
— Justo, hay noches que no hay manera
— Pues ya te digo yo lo que te va a pasar, que lo mío es la rodilla pero seguro que es lo mismo en la cadera. Te va a estar doliendo todos los días un poco menos hasta que de repente un día no te haga falta ni el bastón que te entrarán ganas hasta de correr
— Jajaja, ojalá, yo ahora mismo sin el bastón no soy nadie
— Yo el mío no sé ni donde está, yo creo que mi mujer lo tiró a la basura. De verdad te lo digo, en medio año ya te acordarás de esta conversación
— Vale vale, pues me quedo mucho más tranquilo, habrá que tener paciencia entonces
— Si, pero tampoco mucha, ya verás como en nada estás andando mucho porque seguro que te pasa como a mi que quieres andar mucho más que antes. Pero es mejor no andar por la calle que es de cemento y está duro, mejor por el campo, ¿y si juegas a golf?
— Hombre, pues no lo había pensado
— Si hombre, apúntate a clases de golf y ahí a nada que eches la mañana andarás muchísimo y como es campo, no te dolerá nada

Después el hombre me estuvo enseñando, semáforos en rojo mediante, fotos de él con sus amigos, todos con más años que la orilla del río, vestidos de uniforme y con gorra jugando al golf. Me estuvo contando un montón de cosas en el cuarto de hora de trayecto del hospital a casa y se despidió con un お大事に y un «golf, hazme caso» antes de cerrar la puerta automática de atrás.

Saqué dos conclusiones de este encuentro: lo primero es que me hizo mucha gracia que el hombre me estuviese contando tantísimas cosas sin conocerme de nada y obviando, supongo que aposta, que yo fuese extranjero. Y lo segundo es que no suena tan mal eso de cambiar maratones, karate y carreras Spartan por unos hoyos cerca del Tamagawa…

¿Y si juegas a golf?


Busca tú la respuesta

105

A mi hijo le viene a buscar un amigo todos los días a las ocho de la mañana. Está ahí más puntual que el reloj, yo sé la hora que es cuando suena el timbre de la puerta.

Nuestra casa queda camino de la escuela, de hecho fue una de las razones por la que nos mudamos aquí aunque ahora nos hayan puesto obras justo enfrente. Y por este motivo, el de la cercanía, Ichinose-kun, el amigo de mi hijo, pasa a buscarle y van juntos a clase.

Kota está siempre medio preparado a esa hora. Siempre le falta algún retoque: el cinturón del uniforme, llenarse la botella de té frío de la nevera… nunca suele salir al momento, aunque no le hace esperar demasiado. Ichinose, que yo le veo desde la cámara del telefonillo, siempre sonríe incluso en ese rato. Tiene las orejas un poco separadas y siempre me saluda nervioso, como si no le quedase más remedio que tratar con el gaijin del padre de su amigo… quizás más por no saber hasta donde va, o voy, a entender lo que me dice. Kota seguro que le cuenta alguna de mis gambas con el idioma y yo me alegro, si es el caso, de que se rían a mi salud.

Yo quiero decirle que seguramente Ichinose-kun llegará un día en que ya no venga. O no, no lo sé, ojalá me equivoque, pero lo más probable es que no. Que se canse, que se eche otro amigo, que le cambien de clase, que se haga mayor, que cambie el aire y simplemente pierdan el interés el uno por el otro. No quiero decirle que igual se queda sin amigo, quiero decirle que le cuide y que se prepare del todo para abrirle la puerta cuando sean las ocho, que no le haga esperar y que sonría tanto como él aunque no tenga las orejas separadas.

Porque yo también tuve amigos de los de ir a buscar todos los días y ahora no sé donde están. Y me muero de pena de pensarlo, más ahora con todo lo que me ha pasado con la operación.

Quiero decirle, aunque no se lo digo, que no ponga tope a lo de ser feliz, que disfrute de este, su tiempo, porque le pertenece y tiene derecho a saborearlo, a vivirlo todo lo que pueda. Que se enamore más de esa chica a la que regaló el chocolate que compró en secreto en el último White Day y que yo descubrí, junto a una carta, sin querer, mientras buscaba una camiseta en su armario. Que pedalee todas las calles del barrio de Tokio al que nos fuimos a atrincherar, que dé todas las patadas a todos los balones que pueda, que corra hasta que le tiemble el gemelo de la pierna derecha de puro uso… que sude la vida a todo lo que le den los poros.

De lo demás, de las mierdas de adulto de trabajos, salarios, impuestos, facturas y rencores, de gente que, de repente, te deja al margen porque ya no le vales para lo suyo, de todo eso me encargo yo. Porque mi tiempo, aunque lejos de acabar, se regocija viéndote crecer y convertirte en la persona maravillosa que eres.

Y lo que te queda.

Sé que es ser feliz al veros, esa respuesta yo ya la tengo. Pero, hijo mío, tú debes buscar esa respuesta solo, quizás con tus hijos, ojalá que siempre con tus padres. Pero búscala tú, vive todo con esa intensidad tan tuya y no dejes que nadie te de nunca ningún portazo, ni físico, ni metafórico.

Yo aquí sigo, detrás de ti. Corre todo lo que quieras, que con el bastón y a pura cojera, te sigo y te seguiré mientras viva. Si miras atrás, aunque sea a lo lejos, me verás siempre.

Busca tu camino. Busca tu felicidad.

Te quiero tanto hijo… pero tanto…

Las fotos del hospital

Las fotos del hospital

37

No tenía mucho yo el coño pa farolillos, pero alguna que otra foto saqué en el hospital. Si no tenéis otra cosa que hacer, os voy comentando cada foto para que os hagáis una idea de cómo viví aquella semana.

Al llegar me encontré esto:

Las fotos del hospital

Una cama de estas con mando para elevar las piernas o la cabeza, un armario con cajones y un par de estanterias para colocar tus cosas. En la parte de abajo había una pequeña nevera para las bebidas. También tenía la mesa esa con ruedas que se ajusta en altura para ponértela en la cama para desayunar o apartarla a un lado si te molesta. En esa habitación había cuatro camas separadas por cortinas, dos en un lado y dos en otro separadas por un pasillo. En la de al lado estaba el señor Takahashi, al que operaron las dos rodillas a la vez y del que me hice amigo y nos íbamos ayudando el uno al otro como podíamos.

Estas tres botellas me llamaron la atención:

Son una especie de Aquarius con minerales y sales para hidratarte. Me hicieron beberme las tres desde la noche anterior hasta cinco horas antes de la operación, supongo que con eso de abrirte y perder sangre, hay mayor riesgo de deshidratación y así vas bien cargadito por si acaso.

Me tiré toda la noche meando, también es verdad. :posna:

Como entré a eso de las once de la mañana, al de poco me trajeron la primera comida: su sopa miso y el arroz nunca faltaron, así como el té hoji, que es té verde pero tostado y que es lo que mejor huele de todo el universo conocido. Después siempre había encurtidos y verduras.

Pasé por rehabilitación y me estuvieron contando un poco el plan que íbamos a tener después de la operación. La cosa es ponerse a andar enseguida con el andador que me tenían ya asignado con mi nombre:

También vino una enfermera la noche anterior y me pintó una cruz en cada pie marcando la verdad es que no tengo ni idea de qué… me lo explicó pero no le entendí un からほ. Menudo misterio, además que las marcas estaban como a alturas diferentes… yo pensaba que iba a salir del quirófano con una pierna medio metro más corta o algo :noseyo:

Y luego la última cena antes del rajamiento culeiforme:

Esos soba me supieron a gloria y el pescado estaba buenísimo también. La verdad es que las comidas, quitando los desayunos, fueron de lujo:

Digo quitando los desayunos porque me traían un pan del 7Eleven, un zumo y un yogur que daba pena verlo, qué menos que un onigiri o algo, copón!

Mandaba fotos a casa para que los críos estuviesen tranquilos, era la primera vez en todos estos años que estábamos separados tanto tiempo…

Me llevé el ordenador y pasaba las horas muertas viendo series, os recomiendo muchísimo Landman si no la habéis visto, menuda maravilla. También me leí medio libro del Juan Gómez Jurado, el de Mentira.

La operación fue bien, aunque estuve muy acojonado y esa noche no dormí nada. No podía moverme, me tenían un aparato puesto en las piernas para estimular la circulación que hacía mucho ruido, me pusieron un aparato de hielo en la herida… me dolía la espalda horrores de estar en la misma posición tantas horas y me tenían puesto el clip ese en el dedo para medirte la saturación de oxígeno en sangre y también tenía vía puesta con suero, medicinas y la transfusión de mi propia sangre que me sacaron dos semanas antes.

No saqué ninguna foto porque esa noche fue horrorosa, me arrepentí cien veces por hora de haberme metido en ese fregado… buff…

Al día siguiente, mi vida era mayormente esto:

Dos medias de estas de compresión que daban un calor horroroso y que no me podía quitar bajo ningún concepto, y todo el rato tumbado en la cama. Por lo menos podía entretenerme con el mando parriba y pabajo.

Al de horas que parecieron meses, ya me instaron a que fuese con el andador hasta el baño y como vieron que podía ir solo, me quitaron la sonda del nabo. Hostia qué cosa eso de la sonda esa… la tienes puesta todo el rato y no te enteras pero la bolsa se va llenando, claro y tienen que venir a cambiarla. Pero lo peor es el momento de quitártela… la enfermera me dijo que cogiese aire y con una jeringuilla extrajo lo que quedase, que salió transparente, por cierto y me dio la impresión de que me estaba meando encima. Después sacó el tubo y yo juré que nadie más volvería a mancillar mi simpático miembro de esa manera. Joder que cosa esto. Foto no hay, claro, nos ha jodido :fliper: :flipader:

Luego ya empecé a comer cosas solidas y me quitaron la vía también. Ya se iba vislumbrando la luz al final del tunel. Me contaron cómo me debía vestir y desvestir para ducharme usando la magic hand esa, porque con la operación no te puedes inclinar hacia delante. Vamos, que todavía hoy no puedo agacharme por ejemplo, los primeros meses son cruciales hasta que suelde todo bien, así que sigo con la magic hand para todo.

Ahí, con las duchas diarias, me di cuenta que no tenía suficiente ropa interior y le pedí a Chiaki que me trajese. El hospital está a un cuarto de hora en bici de casa y aunque no se admiten visitas, si que pueden venir a traerte cosas. Ella metió también un par de dibujos y cartas de mis hijos que me hicieron especial ilusión:

También me dieron un saco de medicinas y un papel donde ponía qué tenía que tomar y cuando. La enfermera quería que lo hiciésemos nosotros porque después tendríamos que seguir tomándolas en casa, así que a las mañanas tocaba preparar todo el tinglao. No era difícil pero había que andar con ojo y la enfermera siempre revisaba antes:

La comida del fin de semana era como más elegante, o esa fue mi impresión…

Y los días eran calcos del anterior: preparar medicinas, comer, subir a rehabilitación dos veces al día, visitas al baño, dormir como se pudiese y vuelta a empezar.

Hasta que me quitaron el andador y estuvimos practicando con el bastón. Al principio la verdad que muy bien, pero hubo una tarde volviendo a la habitación que me dolía muchísimo y no era capaz de apoyar la pierna. Entramos en pánico y me llevaron en silla de ruedas a sacar una radiografía de urgencia. Era fin de semana, pero el doctor la revisó y me confirmaron que estaba todo bien. Al principio hay mucho riesgo de fisura en el hueso y eso retrasaría todo muchísimo, al menos un mes más en cama sin tratar de andar hasta que se curase. Menos mal que no fue nada. Al día siguiente ya andaba «normal» otra vez. Hostia qué mal lo pasé ese rato también.

Aunque me hicieron un downgrade y del bastón no volví al andador, pero si a las muletas de estas de toda la vida que me permitían andar más fácil. No tengo foto, así que os pongo la de la mascota de rehabilitación que me parece de putos genios:

A parte de rehabilitación, me mandaron ejercicios para hacer tumbado en la cama, me daban hielo que me tenía que poner en la cicatriz para tratar de bajar la inflamación y me daba masajes con el cacharro este en la pierna.

↑ Esto envuelto en una toalla puesto en la cicatriz todo el rato. Por cierto que no me dieron puntos, me explicaron que usan un pegamento que lo aplican, cierran la herida y en nada está sellado. Vaya movida, es cierto que no tenía puntos…

En rehabilitación me volvieron a hacer upgrade a bastón y ya me daba mis buenos paseos por el hospital sin demasiado dolor. Como andaba ya, no hacían falta las medias de compresión, ya íbamos durmiendo un poco mejor… hasta que llegó el día del alta. Me cambié de ropa y les mandé esta foto a los críos diciéndoles que me moría de ganas de verles:

Vaya movida todo… te lo digo…

Ya doy paseos

Ya doy paseos

20

Joder, si hace cinco años me dijeran que iba a escribir estos posts, madre mía :LOL:

Bueno, pues si, ¿qué pasa?, ya puedo dar paseos. Fui a la revisión del médico y dos semanas después de la operación, ya me dejan que salga un rato a pasear por el vecindario con el bastón. No es que me dejen, es que me recomiendan que lo haga, así que ya voy andando hasta el cartel de la Takaichi con el gesto de apretujar los huevos de los gaijines, que queda a casi diez minutos de casa.

Ya doy paseos

Cada día un poco más lejos hasta que llegue al konbini, que está como a un cuarto de hora. La semana que viene volveré a acompañar a mi hija al colegio. La verdad es que si tenemos en cuenta todo el Cristo que me han hecho ahí en la cadera, es bastante acojonante que pueda andar más o menor normalmente sin dolor.

También he vuelto a currar, como ya conté y me he enfrascado en hacer un foro en la web de ohayers. Sigo creyendo que no hay un sitio de este estilo donde los residentes compartamos información actualizada de webs, lugares, eventos… yo al menos no lo he encontrado en castellano y sigo intentando crear uno, aunque es difícil, la verdad, la gente últimamente solo ve vídeos en instagram. Hice un Discord pero era un coñazo entrar ahí y los posts se perdían, también lo intenté en Reddit y no me acabó de gustar, así que directamente he programado yo unos foros y los he puesto ahí, ojalá os guste y entréis y compartáis vuestras movidas también.

:amosahi: https://ohayers.ikublog.com/forum :vainas:

Y nada, que esta semana es la última que se puede conseguir el libro en Kindle Amazon por 2€.

Hoy mi meta es intentar llegar hasta la huerta de pepinos de cerca de casa :cebolleter:

Cosas que quiero hacer

Cosas que quiero hacer

29

Han pasado ya dos semanas desde la operación. Antes, apenas podía andar más de diez o quince minutos sin que me doliese muchísimo, pero podía montar en bici, así que iba en bici a todos lados. Justo antes del ingreso, me fui hasta Shibuya, unos 12 km desde casa, a puro pedaleo porque sabía que iba a pasar mucho tiempo antes de poder volver a subirme a una.

Ahora estoy prácticamente encerrado en casa. Puedo andar con el bastón, pero muy poco, no mucho más que pasear pasillo arriba y pasillo abajo dos o tres veces al día. También puedo subir escaleras si voy despacio y de una en una, pero no conviene que lo haga muchas veces, así que subo a la planta de arriba de casa una o dos veces al día como mucho.

Esto va a ir para largo y tengo paciencia, pero también muchas ganas y muchas metas que cumplir según la hoja de ruta que los de rehabilitación me han dado:

  • Poder ir hasta el konbini con el bastón. Esto ya implicaría salir de casa y dar un paseo de unos veinte minutos en total. Yo diría que en dos o tres semanas lo tendríamos.
  • Poder conducir. Esto es curioso porque, aunque no pueda andar sin bastón, en un mes te dicen que puedes conducir el coche con normalidad.
  • Poder recorrer distancias más largas: una media hora sin parar demasiado con el bastón, lo que me llevaría a poder ir a cualquier restaurante o tienda cerca de la estación. Esto en mes y medio, quizás, el objetivo es seguir usando bastón, pero evitar la cojera.
  • Poder andar sin bastón distancias cortas. Quizás en dos meses.
  • Poder andar sin bastón distancias medias. De tres meses en adelante.
  • Poder ir hasta el gimnasio y hacer tren superior en máquinas, sin tener que coger peso, pero sí ejercitarme sentado. Las máquinas de hombro y pecho, y luego cables para bíceps y tríceps. Debería ser viable.

A partir de ahí, pues andar cada vez mejor sin bastón evitando cojear, para lo que quizás tenga que pasar medio año, hasta noviembre o por ahí.

Lo siguiente sería volver a coger la bici, que es de las últimas metas que se proponen porque es peligroso, no por el movimiento de pedaleo, que es inofensivo, sino por movimientos repentinos, en plan tener que frenar de golpe y apoyar la pierna, o por si te caes, que te puedes dislocar el invento.

Como meta final a largo plazo, para primavera del año que viene me subo el Takao con todos los que os queráis apuntar, ¡esperemos que siga sin haber osos, que cada vez andan más cerca de Tokio!

Cosas que quiero hacer
Vuelta al trabajo

Vuelta al trabajo

45

Pues sí, hoy vuelvo al currelo después de la operación. La verdad es que podría haber estado más tiempo “de baja”, pero no tiene mucho sentido y es un poco もったいない. Los días de vacaciones, que en mi empresa son muchos más que en otras, ya los he cogido todos y ahora tocaría una de dos alternativas, y en las dos se notaría en la nómina:

  • Podría coger días “ausente”, que cuentan como si no los trabajases, y eso se te descuenta del sueldo.
  • Podría acogerme a lo más parecido a la baja que tenemos aquí, y es que serían días, semanas o lo que me hiciese falta, donde me pagarían el 60 % del sueldo, pero necesitaría justificante médico (que lo tengo de sobra, por otra parte).

El caso es que estoy sentado delante del ordenador todo el día y la chimenea me funciona perfectamente, como diría mi madre, así que no le veo mucho sentido a seguir pasando los días viendo Fringe y pasándome el Mario Bros de la NES. Bueno, me he visto Fringe, Landman, la peli nueva de Mario y me he pasado juegos como Planet of Lana 1 y 2, Limbo, Replaced… y tengo prácticamente la isla del あつ森 como una patena.

Lo que sí pasa es que no aguanto demasiado tiempo sentado y, de vez en cuando, tengo que dar un paseíto con el bastón por casa y tumbarme en la cama un rato a poner la pierna en alto, así que le he contado esto mismo al jefe y hemos llegado a la conclusión de que, de momento, voy a empezar solo a media jornada esta semana. Si todo va bien, a partir de junio retomaré la jornada completa.

Así que hoy me vuelvo a mis inmobiliarias y pisos y todas estas historias que hacía antes, aunque sean solo cuatro o cinco horitas. Doy gracias a Buda o a quien sea por haber encontrado este trabajo full remoto, macho, te lo digo también.

Algo que me preocupa ahora, y bastante, es ponerme trofollo porque prácticamente soy una ameba sentada en una silla y estoy a pocos senbeis de wasabi de convertirme en el cojo mantecas, así que estoy teniendo muchísimo cuidado con lo que como. Ensaladas, ochazukes y pescado, prácticamente esa es mi dieta. Por lo menos hasta que pueda dar paseos por la calle.

:viejuno: :cebolleter:

Otra cosa que voy a hacer es retomar vídeos, a partir de hoy empiezo de nuevo. No puedo poner neones ni nada porque he desmantelado todo para hacer hueco para mis cosas, porque, al no poder subir escaleras, ahora estoy haciendo vida en esta habitación prácticamente. Pero, vaya, que no creo yo que un vídeo sea bueno o no por las luces, sino por lo que se cuenta. A ver si no he perdido el callo.

Y ya estaría. Empezamos la semana con muy poco dolor y durmiendo muy bien. ¡Nos vemos en Insta!

Por cierto, ¿habéis visto el vídeo con Ponchito?, me hace mucha gracia lo distinto que hablamos el mexicano y yo, deberíamos hacer un podcast semanal!

Vuelta al trabajo

:gustico:

La entrada a quirófano

La entrada a quirófano

70

No dejo de darle vueltas desde que he vuelto a casa a la entrada a quirófano. Yo me imaginaba algo así como estar tumbado en una cama de esas con ruedas, enchufado al gotero, con la mascarilla esa que te da oxígeno… y nada más lejos de la realidad.

Aunque tenía hora de operación, las once de la mañana, ésta estaba supeditada al éxito de la operación programada antes. Es decir, si acababan antes, entraba yo antes y al revés, que es lo que acabó pasando. Una hora antes me dijeron que me pasase por el baño si me hacía falta y me dieron la ropa de quirófano para que me cambiase. No sé cómo será en otros lugares, pero aquí es simplemente una bata abierta por delante, aunque se ata con unas cuerdas al estilo de los jinbeis. Es decir: no se te ve el culo como sale en las series americanas; de hecho, yo iba con mis calzoncillos puestos, como me indicaron.

La enfermera venía de vez en cuando actualizando el estado de la anterior operación: «Parece que van a acabar un poco antes», decía al principio, pero finalmente fue un poco más tarde de lo agendado. Cuando llegó la hora, en vez de bajar en la camilla que os decía o en silla de ruedas, bajé andando por mi propio pie en un ascensor.

Fue una situación totalmente ridícula: yo, en ropa de operación, una enfermera, y otras personas ajenas a la situación montadas en aquel ascensor para ir a la planta baja, donde están el quirófano y además la recepción y las consultas del hospital. A mi lado había un señor de Kuroneko Yamato, la empresa de transportes, con un par de paquetes de Amazon, al otro lado, una señora vestida toda elegante, como si fuese a ir al teatro y después mi enfermera y yo, con la cara desencajada de miedo, yendo, casi paseando, al matadero.

Las puertas del ascensor se abrieron, el repartidor y la señora se fueron a recepción y nosotros tiramos para otra sala. Allí estaba el médico que me iba a operar, limpiándose concienzudamente las manos y medio vestido con uno de estos trajes EPI, o como se llamen, los que son impermeables a virus y esas cosas. Me saludó desde su habitación con la cabeza; esa fue la única vez que le vi hasta el día siguiente. Después, la enfermera de quirófano tomó el relevo de la mía de planta y me hizo una serie de preguntas:

—¿Sabes a qué vienes? —A operarme de la cadera derecha.

—¿Sabes cómo te llamas? —Diasu Osukaru.

—¿Sabes tu fecha de nacimiento? —25 de kugatsu de sen kyūhyaku nanajūroku.

Cuando se aseguró de que seguía cuerdo, a pesar del disparate de lo que me iban a hacer, me hicieron pasar a quirófano. Allí me tumbé yo solo en la camilla y ya fue cuando llegó el anestesista y me quedé roque en menos de lo que pude contar hasta roku. Pero justo un momento antes, de repente, sentí que no tenía fuerzas para respirar, que intentaba coger aire por la nariz y no podía… No he sentido tanta angustia en mi vida como en esos dos o tres segundos hasta que me dormí y, supongo, me intubaron.

Después, pues bueno, el disparate máximo: me abrieron por el exterior de la nalga derecha, una raja del tamaño de la altura de un teléfono móvil, más o menos. Por ahí me serraron la bola del fémur, me hicieron un agujero en este mismo hueso donde encajaron la parte larga de la prótesis. Después limpiaron la parte de arriba y anidaron la parte cóncava que conectaría con la bola. El orden probablemente no sea este, ya os digo que ni me enteré, claro, y menos mal. Y finalmente cerraron la herida con una especie de pegamento, por lo que no hizo falta dar puntos.

Hoy, ya en casa, no dejo de acordarme de esos momentos antes de dormirme en los que no podía respirar. Y de que compartí ascensor, en ropa de quirófano, con un repartidor de Amazon camino de mi operación, quitándole a la situación toda la épica debida.

Por cierto, el grupo de rehabilitación del hospital tiene mascota, y puede que sea lo más gracioso que he visto yo en mi vida:

La entrada a quirófano
¡200 pedidos tramitados!

¡200 pedidos tramitados!

42
¡200 pedidos tramitados!

:ikugracias: :gustico: :ikugracias:

Las cuentas claras, ahí van las ganancias acumuladas hasta hoy:

:ricachoner:

En cuanto pueda salir por ahí, nos vamos a un yakiniku toda la familia a celebrar lo soles que sois.

Recordad que solo durante este mes, la versión Kindle en Amazon España tiene un 50% de descuento y te puedes hacer con uno por solo 2€. Personalmente me parece un insulto con todo lo que me costó escribirlo a mi, pero si tenemos en cuenta que en esta promoción de Amazon a mi me respetan el margen, os dejo que os aprovechéis ;)

:estudier:

Espavascos por el mundo

Espavascos por el mundo

44

Estoy avanzando mucho con el libro «No hay Japón para tanto influmierder» que estoy escribiendo. De vez en cuando os dejaré algún capítulo para que veáis un poco el tono del libro, y así también tanteo un poco vuestra opinión, si me la dejáis en los comentarios… :vergonzer:


Tengo que confesar, muy a mi pesar, que yo también he sido influmierder. O, bueno, me convirtieron en uno, porque la verdad es que vaya tela.

Hablo de programas del tipo “Españoles por el mundo” o “Callejeros viajeros”, ya sabéis, esos en los que visitan un país extranjero, contactan con un español que viva allí y le graban diciendo cosas y tal.

Yo he salido ya en tres o cuatro, no lo tengo muy claro ahora mismo, pero sí que sé que nunca jamás volveré a salir en ninguno, y tengo mis razones.

Cuando te contactan por redes sociales, te suelen preguntar por tu vida, a qué te dedicas, cuánto tiempo llevas en el país, lo que te gusta y lo que no, tus aficiones… y después te suelen dar un rango de fechas en las que van a estar allí y te preguntan si puedes reservar uno o dos días para grabar.

Hay que tener en cuenta que nosotros trabajamos y que, la gran mayoría de las veces, si no todas, se graba entre semana, con lo que tenemos que cogernos días de vacaciones para quedar con ellos. Y también hay que decir que jamás he cobrado por ningún programa y que, lo cierto, es que te tienen muchas horas “trabajando” delante de una cámara.

Ellos juegan con la idea de que nos suele hacer ilusión salir en la tele y con eso ya nos consideran más que pagados. Y además hay que decir también que ellos no saben japonés y cuentan con “nuestra ayuda” para comunicarse con los locales.

Vamos, que te ves de repente preguntándole a la gente en japonés si pueden decir frases del estilo de “Españoles por el mundo” a cámara, o pidiéndole al del restaurante que si puede quitarle el tomate a no sé qué plato, o teniendo que traducir entrevistas enteras a gente que no tiene nada que ver con lo que se supone que has ido tú a grabar, pero que se han encontrado por la calle y les ha llamado la atención.

En fin, que te tienen de “traductor de los recados” e, insisto, sin pagarte un duro y perdiendo tú un día de trabajo, dejándole a tu mujer a cargo de tus hijos.

Pero lo que ya sí que me sorprendió es que, en la mayoría de estos programas, son ellos los que te dan el guion de lo que se va a hacer. Uno piensa que te van a preguntar, como en los emails del principio, sobre tu vida, que van a enseñar de una forma bonita cómo es tu rutina y que eso lo verán tus familiares y amigos.

Pero lo que de verdad pasa es que te “asignan” un tema y las grabaciones se basan en eso. Por ejemplo, en uno a mí me tocó hablar de los trenes y el metro de Tokio. Entonces te hacen aprenderte una serie de datos de Wikipedia del estilo de: “Estamos en Tokio, la capital de Japón y la ciudad más poblada del mundo, con no sé cuántos habitantes y no sé qué hostias de líneas de metro y tal y cual”. Y te graban precisamente en una estación de metro repitiendo esa mierda.

Decidme a mí si esto no es exactamente lo que hacen los influmierders de hoy en día.

La decisión de jamás volver a grabar un programa de estos fue después de uno en el que me hacían repetir tomas una y otra vez si me salía una palabra fuera del “guion” establecido. Por ejemplo, yo decía algo que me habían dicho en plan: “Yo creo que aquí es donde…”, y me cortaban y me decían: “No digas ‘yo creo’, tú dilo convencido: ‘esto es así’”.

Eso pasó muchas veces.

Los que me conocen saben que yo tengo mi manera de hablar, de expresarme “a mi modo”, y ni eso me estaban dejando. Es más: estaba diciendo cosas que no sabía ni si eran verdad, “ni falta que hace”, que diría cualquier influmierder.

A eso se sumaron muchas faltas de respeto a otras personas por culpa de estas insufribles e interminables tomas y retomas. Es decir: tener que repetir tanto hacía que tardásemos muchísimo en cada sitio al que íbamos y hubo lugares que estaban alquilados por horas para poder grabar, y nos pasamos muchísimo del tiempo pactado, causándole problemas al dueño de la tienda porque tenía otros clientes esperando.

Otras veces nos pedían que no grabásemos en ciertos sitios, pero ellos insistían en hacerlo en cuanto la persona que nos echaba la bronca se iba. Hubo una en concreto en la que yo pensaba que íbamos a acabar bastante mal: o en comisaría o con una hostia; en ese caso, además, a mí y a otro chaval, que éramos los que hacíamos de traductores y poníamos la cara, literalmente.

En fin, comportamientos totalmente inaceptables que me hicieron pasar mucha vergüenza. Ahora, dándole vueltas, la verdad es que no sé cómo no me marché a la mitad.

Lo pasé mal de verdad y juré que no volvería a hacer una cosa de estas.

Me han vuelto a contactar y siempre les he dicho que no. Si alguna vez me plantease hacer algo parecido, sería a mi manera, con total libertad para decir lo que yo quiera donde yo quiera. Porque se podrían hacer programas preciosos y creo firmemente que muy interesantes solo contando el día a día de una persona extranjera aquí.

Así que confieso que fui uno de los primeros influmierders de Japón, y si habéis visto alguno de estos programas donde salgo yo y estáis leyendo esto, os pido perdón.

Vaya ridículo.

Espavascos por el mundo
Ohayers in the morning

Ohayers in the morning

23

El otro día se me ocurrió hacer una versión de El Mundo Today pero con noticias de Japón… si me decís que os hace gracia, sigo con ello!

OHAYERS IN THE MORNING

Ohayers in the morning

Por cierto, aprovechando la baja he retomado el influlibro, ¡voy avanzando mucho cada día!. También recordaros que en Amazon, el libro «Afinando un sueño» está de promoción durante lo que queda de Mayo, podéis haceros con la versión Kindle por la mitad de precio.

Hoy me he levantado con la pierna un poco… «¿durilla?», me daré masajillos a ver. Supongo que irá así la cosa: unos días mejor, otros un poco menos. ¿Igual que llueva tiene que ver?

:cebolleter:

Compañeros de bastón

Compañeros de bastón

55

La habitación del hospital era compartida, ya sabéis, de estas más o menos grandes separadas por un mecanismo de rieles y cortinas que te «aíslan» del resto. En mi caso, otras tres personas más compartíamos ronquidos en aquel cuarto de aquel hospital a unos 12 km de Shinjuku.

Como pasa muchas veces, el único con nombre y apellidos en katakana era yo. No era raro ver las caras raras del resto cuando se me cruzaban por el pasillo camino del baño. Siempre hay una reacción de sorpresa, pero muy matizada y contenida, y mucha rigidez en el trato. Después, si intercambiamos alguna palabra y ya ven que la comunicación no iba a ser tan difícil, se diluye todo y solo quedan dos personas jodidas esperando para operarse, que es lo que éramos desde el principio. Y eso une, claro. «¿La cadera o la rodilla?» es una pregunta que me han hecho muchas veces estos días de ingreso. Diría que el ranking de respuestas que he escuchado ha sido la rodilla, la cadera y, bastante por detrás en ambos sentidos, la espalda.

Sorprende también que la media de edad es bastante superior a la mía, al menos en apariencia. Bueno sorprender sorprender, pues tampoco, lo raro es lo mío, el resto es esperable. Estoy bastante convencido de que seguir estirando con la intención de abrirme de piernas del todo a los cuarenta no fue una buena idea. De hecho, se lo comenté a los de rehabilitación y estuvieron de acuerdo conmigo en que, si bien no fue la causa del problema, seguro que aceleró el desenlace de la artrosis. El médico que me operó, por cierto, me dijo que efectivamente tenía los dos huesos tocando y aquello no había ya por dónde cogerlo. Demasiados años forzando la cadera a puro mawashi en la jeta del resto. Supongo que hacer esto con veinte años está bien, pero seguir a ese nivel con cuarenta, pues ya no. Ojalá me lo hubiese dicho alguien, no habría dejado el karate pero me lo habría tomado con más calma.

O no, qué cojones, que me quiten lo pateado, que me comía el tatami y no había momento del día que viviese con tantas ganas.

De los cuatro lisiados que estábamos en aquella habitación, dos fuimos constantes. A los otros dos los cambiaron: uno porque le dieron el alta y al otro, pues la verdad no sé decir. Supongo que por lo mismo, pero coincidió con mi operación y estuve un día y medio que no me enteraba de nada. No me acuerdo de sus caras tampoco, la verdad, sé que uno era muy pero que muy mayor y no sabía muy bien donde estaba; el pobre hombre sólo quería irse a su casa con su mujer.

El que quedaba a la derecha de mi cortina derecha era un señor calvo, gordito, bajito, con las dos rodillas operadas. Era una persona afable, extrovertida, de estas que saludan a todo el mundo, pero no solo con un movimiento de cabeza sino con alguna palabra que señale el momento del día del encuentro seguido de un token quedabien de los muchos que manejaba: «buenos días, ¿hemos dormido bien hoy?», «buenas tardes, hoy la merienda un poco sosa, ¿eh?», «buenas noches, ¡te echo una carrera hasta la puerta!».

También hablaba mucho por teléfono, sobre todo con compañeros de su empresa a los que les contaba su situación y les pedía favores: «habla con Kimura para pasarle el nuevo enlace y dile que no puedo reunirme en un mes al menos», cosas así. Las enfermeras no solo le tomaban la temperatura, sino que se tiraban un rato con él hablando de esto y de aquello y echándose unas risas. Ya sabéis, este tipo de persona.

Yo, de tanto oírle hablar, me hice amigo de él sin ni siquiera él saberlo. Me cayó bien. Es como cuando salen los de Estopa por la tele hablando entre ellos, que te caen bien ya para siempre. Algo así, pero en señor japonés bajito con panza.

Y ya que íbamos a estar allí una semana juntos, y esto de hablar se me suele dar bien, decidí hablarle yo cuando nos cruzamos por el pasillo. Le llamé por su nombre: «Takahashi-san, soy el de al lado, nice to meet you». Esto último lo dije en inglés porque sé que le haría gracia y él me contestó también en inglés: «nice to meet you too!», y después algunas frases de estas de calibrar el nivel de japonés del adversario, primero muy simples y muy bien pronunciadas y si la respuesta es coherente, ya se puede pasar al nivel «persona normal».

Después nos hemos hecho visitas a la «habitación de cortinas» del otro, siempre protegiendo la intimidad, solo cuando la cortina estaba tan entreabierta que invitara a ello. Y hemos hablado de muchas cosas: de Iniesta, de España, de mi trabajo, de mi familia, de su perro Husky Siberiano precioso, de mis dos hijos. Y nos hemos dado muchos ánimos en todo momento: por el pasillo con las muletas, yo con mi cadera recién operada, él con sus dos rodillas. En rehabilitación a veces nos cruzábamos al andar en las barras y chocábamos los cinco mientras los médicos se descojonaban; si uno de los dos iba a la máquina a comprar té, le traía una botella al otro sin tener que pedirla.

Roncaba como un ropero del Renacimiento sin engrasar, también hay que decirlo, pero nos hicimos buenos amigos.

Yo me fui un día antes que él. Dos rodillas ganan a cadera, ya sabéis, él lo tiene un poco peor que yo en esto de la recuperación. Pero intercambiamos el Line y ya estamos conectados. No vivimos demasiado lejos y tenemos una promesa que cumplir cuando nos medio olvidemos del bastón de aquí a unos meses: yo le cocino una paella y él me presenta a mí y a mis hijos a Ginchan, su Husky con ojos de colores de soñar en invierno con que hace calor.

También por la escasa distancia que nos separa, creo que esta amistad va a durar más que otras. Me da a mí, fíjate tú, tenemos mucho que compartir entre muletas, bastones y sacos de medicinas después de cada comida.

Ayer acabé el día casi sin poder apoyar la pierna, pero hice todos los ejercicios que me tocaban. Hoy me he levantado y casi no necesito el bastón. Seguimos avanzando.

Compañeros de bastón
Puestos a pensar

Puestos a pensar

61

Lo he pasado muy mal en el hospital. Me ingresaron un día a las once de la mañana y hasta el mediodía siguiente no me operaron. Esta espera fue infernal y me dio por pensar un montón de cosas que no tenían demasiado sentido, pero ahí las escribo para que no se me olviden y poder reírme de ellas en un futuro próximo:

  • ¿Y si viene un terremoto grande mientras me están operando?
  • ¿Y si el cirujano abre y resulta que mi estructura ósea es diferente a la de los japoneses y no sabe cómo seguir?
  • ¿Y si se equivoca y me opera la pierna izquierda en vez de la derecha?
  • ¿Y si se deja unas tijeras o algo dentro después de cerrar?
  • ¿Y si me despierto en mitad de la operación porque la dosis de anestesia necesaria para un occidental es distinta y no lo han tenido en cuenta?
  • ¿Y si me queda una pierna más larga que la otra para siempre?
  • ¿Y si no me despierto y estas son mis últimas horas de vida?
  • ¿Y si sale todo mal y me quedo mucho peor de lo que estaba?

Pensaréis que no tienen ningún sentido, pero en esas horas previas sin mucho que hacer, parecían tan razonables, tan creíbles… sobretodo la del terremoto, que faltó poco para salir corriendo del hospital. Bueno, si hubiese podido correr, claro.

Hoy ya he andado un poco más por el pasillo con el bastón y no me ha dolido tanto, también he podido dormir muy bien. Vamos progresando.

Puestos a pensar
Ya estoy en casa

Ya estoy en casa

56

Todo fue bien. No he pasado más miedo en mi vida, también te lo digo, pero ya estoy en casa echando carreras con las arañas por el pasillo a puro bastón. Hay días mejores y días peores, pero parece que vamos progresando.

Las primeras semanas son cruciales y hay muchos movimientos que no puedo hacer hasta que sane todo, y lo que más me está costando es estarme quieto, no paro dos minutos en el mismo sitio… buff…

¡Pero ahí vamos! No creo que me ponga a hacer vídeos así tan fácilmente, pero iré dando cada vez más señales de vida.

¡Nos vemos en la obra!

Ya estoy en casa
Escobeeeeeeeeeeer que barreeeees con ikigaiiiiiiiii 🎶🎵
Promoción de Amazon.es

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Hace unas semanas, me llegó un mensaje de Amazon de la plataforma de autoedición. Me decían que estaban valorando promocionar el libro en la tienda Kindle, que lo harían reduciendo el precio de venta a la mitad pero que mantendrían mi margen, vamos que yo iba a recibir lo mismo que hasta entonces. Esto tenía condiciones, como que no podía modificar yo el precio existente durante ese periodo ni tampoco publicar el libro en otras plataformas. Hablaban de hacer esto durante todo el mes de mayo y adjuntaban un enlace para que les contestase si estaba de acuerdo con las condiciones y quería optar a ello. Contesté que si, claro, pero no pensaba que me iban a acabar seleccionando.

Pues, efectivamente, he sido seleccionado… y de repente estoy de Best Seller en las tres categorías en las que está el libro, una vez más por delante del Reverte y toda la pesca…

Flipa :fliper:

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No me queda otra que daros las gracias a todos por la acogida recibida… la motivación para darle el último impulso al nuevo libro de «No hay Japón para tanto influencer» está por las nubes, no me queda demasiado ya.

:ikugracias:

El libro costaba casi 4€ y lo han puesto a 2€, pero a mi me respetan el margen. Es un trato de la hostia, las cosas como son.

Tengo que decir que el proceso de autopublicación ha sido más ensayo-error que otra cosa, pero si alguien está pensando en hacerlo, yo le animo a ello. Lo más difícil es escribir, una vez que lo tengas, todo es cuestión de ponerlo en el formato que te pide Amazon. No es complicado aunque sí tedioso. También hay que tener en cuenta que si lo publicas en papel, tienes un formato más libre en cuanto a tipo de letra, márgenes y diseño pero que el formato electrónico está muy limitado en este sentido. Por eso yo recomendaría revisar y revisar y volver a revisar todo el texto y una vez que tengas el contenido del libro listo, crea dos versiones del proyecto y procede a hacer los cambios requeridos para cada formato:

  • El de papel va a necesitar un índice que tienes que escribir a mano y que va a depender del tamaño físico que tenga el libro. Aquí lo mejor es subirlo a la plataforma de Amazon y descargarte la versión en PDF que te genera automáticamente, esa esa la más fiable. A partir de ahí, «apunta» los números de página de cada capítulo y añadelos a mano al principio. También necesitas ajustar los márgenes interiores dependiendo del número de páginas. Yo cometí el error de dejarlos por defecto y como el libro tiene más de 400 páginas, si lo abrías por la mitad, costaba mucho leer el texto del interior. Esto no me lo contó nadie y lo arreglé enseguida al recibir el libro de prueba, pero tuve que volver a ajustar el índice y algunos saltos de página que quedaron «chatos». Y la portada también depende del tamaño y del número de páginas totales, el lomo será más grueso o no y tendrás también que dejar un espacio para el código de barras que te asigna Amazon. Aquí la buena noticia es que puedes bajarte plantillas personalizadas al tamaño de tu libro y simplemente hacer que el contenido encaje ahí. También te da la opción de generar portadas, pero son horrorosas.
  • El formato electrónico genera el índice automáticamente, no hace falta hacer nada aquí, pero tienes que tener en cuenta que aunque tu ajustes los saltos de página y los espacios según tu lo ves en tu Kindle, hay muchos dispositivos con diferentes tamaños de pantalla, así que es básicamente una batalla perdida. No sirve de nada añadir un salto de línea más para que un párrafo empiece en la siguiente página, por ejemplo, porque en dispositivos con pantalla más grande lo único que se verá será un espacio grande entre párrafos. Simplemente estructura en capítulos y el dispositivo se encargará de añadir la separación correspondiente. Tampoco tienes mucho margen a la hora del diseño, da igual que ajustes tamaño o tipo de letra, el dispositivo va a hacer lo que le salga del níspero. Pero ten en cuenta que hay estilos estándar que puedes usar: título, énfasis, código, cita… esto te da cierto juego a la hora de darle cierto dinamismo al texto. Al final se trata de que el lector pueda elegir en su dispositivo qué tipo y tamaño de letra quiere, así que no tienes que preocuparte por ello.

Todo esto lo estoy aplicando ya en el nuevo libro, pero me hubiese gustado que alquien me lo hubiese contado a mi, ojalá te sirva, que no te eche para atrás el proceso, céntrate en escribir tu libro y lo demás vendrá solo.

Otra cosa que me he planteado es ser totalmente transparente con las cuentas. El precio es libre, puedes poner el que tu quieras, Amazon te dice lo que se van a quedar ellos por gastos de impresión y comisión, a partir de ahí como si pides mil euros por libro. Yo puse los siguientes precios:

  • Papel, tapa blanda: 19€, beneficio por libro 4.67€
  • Papel, tapa dura: 29€, beneficio por libro 6.53€
  • Kindle: 3.99€, beneficio por libro 2.63€

No tengo muy claro si es un abuso o no, pero lo que es cierto es que no tienes que poner ni un duro y te imprimen y se encargan ellos de todo, así que no me quejo en absoluto.

Los beneficios se pagan por mes y llegan tres meses después. Por ejemplo, el pago por los libros vendidos en Febrero, me llegó la semana pasada, es decir: a finales de Abril. Te hacen transferencia a la cuenta de banco que hayas elegido, yo tengo una de Wise en Euros que me encargo de mover a mi cuenta de Mizuho aquí según me convenga el cambio.

Puedes ir viendo los libros que llevas vendidos en el mes clasificados por formato y una estimación de los beneficios. Digo estimación, porque si inscribes el formato electrónico en «Kindle Unlimited», te pagan por páginas leídas. Esto significa que el usuario que esté suscrito a Kindle Unlimited puede bajarse un número indefinido de libros gratis a cambio de pagarle una cuota a Amazon, tu decides si inscribirte ahí o no pero te lo recomiendan (y que hayan elegido mi libro para la promoción probablemente tenga mucho que ver con que esté yo ahí inscrito). Ellos le llaman a esto KENP, si muchos usuarios eligen bajar y leer tu libro, te pagan también.

Bueno, vamos al tomate. A día de hoy, 3 de Mayo, estas son las cuentas, lo de «regalías» es beneficios, que vaya palabreja han ido a poner también :pirader:

Y aquí va el número de pedidos procesados:

No está nada, pero nada mal. A mi lo que más me gusta es saber que hay mucha gente leyéndolo, sé que es un poco un «quedabien» decir esto, pero es cierto y el trabajo realizado ya me ha compensado de sobra.

Hombre, tampoco os voy a engañar: si cada seguidor de Instagram me comprase un libro, dejaba al instante de trabajar y grabaría un vídeo bailando en pelotas en la azotea esa de Shibuya Sky para celebrarlo!

:ricachoner: :ricachoner: :ricachoner:

Pero como eso no tiene pintas de que vaya a pasar, yo prefiero marchar…

:bythesegao:

Ala chavales, agur pues!

:gustico:

PD: 9 días para que me ingresen en el hospital…

El coste de la operación

El coste de la operación

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Hasta ahora, quitando el dentista, siempre he pagado muy poco en las clínicas. Aquí siempre pagas por cada visita aunque, en la mayoría de los casos, no suele pasar de los mil o dos mil yenes. También se pagan los medicamentos aparte, pero siempre suele ser muy poco.

Los dentistas van aparte, como digo. Aunque las visitas con limpieza y tal no cuestan casi nada, como tengan que encargar algo a medida: una prótesis o un puente, eso ya lo pagas tu y es un dineral. Una muela que me pusieron a mi por ahí costó cerca de 80.000 yenes, y no os hablo ya de un implante que se te puede poner de 300.000 yenes para arriba…

Aquí tenemos un seguro que paga la empresa y que te costea el 70% de la factura de clínicas u hospitales, el 30% lo tienes que pagar tu de tu bolsillo. Y también existe un sistema por el que hay un límite mensual de gastos médicos y si te pasas de ese límite, se te devuelve el dinero después. Esto último depende de tu sueldo, si cobras mucho, el límite es más alto y se te devuelve menos.

Aquí va un desglose aproximado del coste de mi operación, por si alguien que viva en Japón está en alguna parecida:

  • Múltiples visitas al hospital para pruebas, pongamos que unas 5 a 2000 yenes cada una: 10.000 yenes.
  • Dos visitas con pruebas exhaustivas (MRI, CTI, análisis de sangre...): 2 x 15000 yenes cada una: 30.000 yenes
  • Operación: 255.000 yenes (30% del coste real después de aplicar el límite mensual)
  • Estancia en el hospital: 6 noches en habitación compartida x 2500 yenes: 15.000 yenes

Total: 310.000 yenes

A eso habrá que sumarle las múltiples visitas a rehabilitación después, las revisiones con las pruebas y las medicinas que supongo que me recetarán. Total, que yo estimo que unos 400.000 yenes. Aunque no estoy al día de cómo funcionan las cosas ahora, en España supongo que todo esto sería prácticamente gratis…

Total, que aquí va mi consejo para cualquiera que viva aquí: ahorrad siempre, tened siempre una cuenta en algún sitio reservada para emergencias médicas, sobretodo si tenéis familia, porque la hostia que se te puede venir es chica…

Quedan 10 días para que me ingresen, por cierto…

El coste de la operación

 

¿Qué necesitas?

¿Qué necesitas?

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Mucha de la gente que me rodea ya sabía que andaba con dolores raros en la cadera, pero cuando ya tuve el diagnóstico y se decidió que no quedaba otra que operar, tardé bastante en contarlo. Mi familia lo sabía, claro, y también había que cuadrar las fechas en la oficina así que mis compañeros se enteraron enseguida.

Pero dejé pasar algunos meses antes de que decidiese contarlo, digamos, que públicamente. Que no pasa nada, quiero decir que allá cada uno con sus cosas, pero pensé que probablemente alguien de los que me ven habría pasado ya por ese trago que me toca y, sin duda, la perspectiva de lo que va a a pasar será mucho más real si me baso en sus consejos y experiencias. Y así ha sido, ha habido quien me ha dicho lo que se viene y cómo afrontarlo, lo que conviene tener en casa… hasta me han mandado vídeos y hay quien ha sacado fotos a material que le han dado en sus hospitales y me las han enviado, material con recomendaciones, explicaciones…

Sin duda ha sido una buena decisión compartirlo porque, además, la conclusión a la que han llegado todos los que se han operado coincide: «si lo sé, me opero antes» y dime tu si eso no es la mayor motivación para seguir adelante con esto.

No sé hasta que punto podré hacer vida normal, probablemente no será buena idea volver a karate ni liarme a correr por ahí, la verdad es que ahora mismo me conformo con poder echar una carrera de vez en cuando detrás de mis hijos y cogerme un tren algún que otro fin de semana para subir al monte Takao a echarle fotos al momiji.

Ayer, un buen amigo que vive también en Tokio, me mandó un mensaje de ánimo, como tantos que he recibido últimamente y por los que estoy tremendamente agradecido. Pero lo que me llamó la atención es que acabó con un «dime qué necesitas» que hizo que me derrumbase completamente y rompiese a llorar durante un buen rato. Fue repentino, muy primario, desproporcionado… Quiero decir que no es que necesite nada en realidad, pero nadie me lo había preguntado y ese simple gesto enganchó de alguna manera con todo el mecanismo de engranajes y ruedas que se había ido posicionando durante todas estas semanas al otro lado del esternón y ya no hubo quien parase las lágrimas durante un buen rato.

«De momento nada, muchas gracias!», le contesté como si nada y después dormí como hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Me estarás leyendo ahora. Muchas gracias, de verdad, pásate por casa algún día cuando vuelva del hospital y te enseño la cicatriz.

¿Qué necesitas?
Si no se arregla en un minuto

Si no se arregla en un minuto

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Una de las cosas que más me han preocupado desde que nacieron mis hijos es el bullying. Supongo que como a cualquier padre, pero en mi caso, al ser ellos los mestizos, los diferentes, tienes ese miedo de que sean objetivo fácil para algún crío de mierda que se crea con derecho a reírse de los demás por lo que sea.

Un compañero de mi trabajo actual es mestizo también, su padre es italiano y su madre japonesa, y he hablado esto muchas veces con él y la verdad es que me tranquiliza bastante saber que jamás ha tenido ningún problema nunca con nadie. Solo habla japonés, por cierto, que es curioso porque la cara de japonés no la tiene, como le pasa a mi hija, pero es más japonés que nadie por mucho que le pese a mucha gente.

Total, que suelo hablar mucho con mis hijos sobre esto mismo. Les pregunto si han tenido algún problema con alguien, si tienen algún «amigo» que siempre se mete con ellos o que haga bromas con ellos o así, y de momento la cosa siempre ha ido bien. Hombre, hay algún amigo de mi hijo que es un asalvajado del copón y algún empujón o alguna hostieja ya le he visto dar, pero parece que lo hace sin maldad. En serio, es un bruto de cojones, pero parece noble el animal.

Pues justo ayer fuimos a un sushi a comer todos juntos y salió otra vez el tema. Y mi hijo nos contó la charla que les dio su nuevo profesor a los pocos días de empezar la secundaria: «si no es algo que se pueda arreglar en un minuto, no lo comentes».

Básicamente viene a decir que si hay algo, sea físico o no, de un compañero que te llame la atención que no se pueda arreglar en un minuto, ignóralo, no hagas ningún tipo de comentario al respecto. Que aunque tú no lo hagas con maldad, es algo que probablemente la otra persona sepa de sobra y no necesita que se lo recuerde nadie de ninguna manera.

Es decir: si un compañero viene con los pelos revueltos recién levantado de la cama, no pasa nada por hacer el chascarrillo gracioso, o si alguien va con la bragueta abierta o descamisado… ya me entendéis, chorradas así sin importancia que seguramente harán que la otra persona se descojone también.

Pero el profesor quiere que te lo pienses dos veces y acabes tú mismo dándote cuenta de que decirle a tu amigo que está gordo o que es un tirillas, que habla de cierta manera o que tiene la cara llena de granos… que eso no hace otra cosa que daño. Y que te aguantes tu comentario hasta que ya te salga solo el ni siquiera pensarlo.

Si no se arregla en un minuto