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Mi piso de Tokio los primeros 5 años

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En aquella habitación tan pequeña de Tokio viví menos de cinco años. No me importaba que fuese pequeño, total para estar yo solo… y las pocas veces que tuve compañía, pues mira, así estábamos más juntitos.

Pasé mucho frío allí… pero mucho… las paredes parecían de papel y hasta entraba aire por las ventanas aunque estuviesen cerradas, si no me creéis, preguntadle a las cortinas, que estaban de testigo. 

Si ya venía yo odiando los inviernos desde Euskadi, que ya es decir, aquí ya me acabaron derrotando del todo. 

Siempre he pensado que me moriré en invierno, espero que dentro de muchos años pero seguro que rondando Febrero o por ahí.

Quizás por esto mismo, voy reviviendo un poco más según se va acercando la primavera. 

En mi barrio no había nada más que árboles que vivían más o menos a la misma distancia unos de otros a lo largo de la misma calle que yo recorría cada día al menos dos veces. 

Como yo empecé a vivir allí a finales de año, esos árboles estaban tan pelados como mi corazón, como si estuviesen allí ya por inercia y diesen igual las hojas y los latidos.

Pero de repente a uno le salió una flor. Y después otra más, y todos se contagiaron y cuando me quise dar cuenta toda la calle se tiñó de color mentira. 

Resulta que eran cerezos y yo no lo sabía. Madre mía en qué se convirtió la calle por la que mi alma en pena y yo volvíamos de la oficina. Qué espectáculo, qué cosa más preciosa.

Mis vecinos del barrio, además, salieron de no sé donde todos juntos y decidieron vestirse bonito y bailar y comer y emborracharse y jugar a que jugaban debajo de aquel cielo de pétalos sabiendo de sobra que pocos días más iba a durar.

Y a mí, año tras año, se me olvidaba el frío.

Mi primer piso de Tokio

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おはよ〜, buenos días!

Este es el piso en el que viví mis primeros años en Tokio allá por el 2007. Era prácticamente una habitación de 20 metros cuadrados, centímetro arriba centímetro abajo. Tampoco es que me fuese a tropezar con nadie y mi melancolía cabía perfectamente en el armario de detrás del espejo del baño, para no encararla demasiado. Era pequeño, pero total, para lamerse uno las heridas tampoco hacía falta una mansión. Bueno, vale, que no podía pagar nada mejor tampoco. Pero se pasaba la aspiradora pronto por lo menos.

En aquel barrio de NishiMagome no había más que un supermercado, una droguería y un 7Eleven, pero me quedaba cerca de la oficina y a la vez del dojo de karate, que era prácticamente de lo que se componía mi vida de entonces. Mientras tecleaba o daba patadas no me acordaba mucho de eso de los sentimientos y esas milongas.

Salía también mucho a correr por el barrio y un día desde un alto vi una pagoda que sobresalía entre las copas de los árboles como si fuese una postal de Kioto o algún sitio así. Al llegar allí me encontré el escenario de una película de Kurosawa, pero en color. El lugar más bonito que había visto yo nunca estaba a cinco minutos de mi casa. Y rara vez había gente.

Allí lloré muchas más lágrimas de las que jamás admitiré. Era el lugar al que iba, casi siempre por la noche y con dos latas de cerveza a sentarme en las escaleras del templo a discutir seriamente conmigo mismo sobre qué íbamos a hacer a partir de entonces. Nos peleábamos más que entendernos, pero cuando llegaba al futón, tenía siempre las cosas un poco más claras, la visión bastante más borrosa y media resaca despertándome por la mañana.

No, si algo se cocía…

Una de las primeras cosas que me dijeron cuando alquilé el piso, fue que había una calle famosa llena de cerezos. La verdad es que me pilla a medio minuto de casa, y tiene un montón de árboles de lado a lado.

Tanto el dueño de la casa como Michiko le daban mucha importancia al hecho de que estuviese tan cerca, y yo que lo que tenía era muuuucho frío, me dedicaba a pasar a toda leche por ahí para intentar llegar al tren que tiene calefa y se está calentito.

Y de repente, empezaron a colgar farolillos. Ahí ya empecé a sospechar, seguro que esta gente tienen alguna preparada, que ahí donde los ves como que sólo trabajan y andan rápido, fijo que preparan alguna…

Entonces fue cuando empezaron a aparecer flores. Una aquí… dos allí…. y yo ya me empecé a dar medio cuenta de la que se iba a liar allí. Si a todos los árboles que hay en esta calle les da por florecer a la vez, esto puede parecer un anuncio de Mimosín con farolillos.


Y después de los farolillos, empezaron a instalar casetillas estilo a las del tiro que ponen en las verbenillas, pero de comida. Y efectivamente… Yo nunca he estado en el valle del Jerte, y seguro que allí hay más cerezos que aquí, pero os juro que es precioso pasar por aquí dos veces todos los días. Y la segunda vez que paso, que es a las tardes cuando vuelvo a casa, de repente me encuentro con gente ahí sentada debajo de los árboles pimplando y comiendo!

Como os contaba ayer, el domingo por la mañana me fui a Harajuku a ver a los figuras de Tokyo. Y la verdad es que estaba ya bastante cansado de tanto andar, así que decidí volver a casa pronto para dedicarme al noble arte de la siesta. Y me bajé del tren, y sin darme cuenta, pasé a formar parte de una procesión de gente que se dirigía a mi casa. «Ya la he liao, tanto poner Fito a tope por las tardes… me van a linchar» pensaba yo. Pero no!, iban todos a la calle de la que os estoy hablando. Resulta que la habían cortado, y tenían montada allí una verbena del copón!!!!

El caso es que se oía como una tamborrada, y para allá que me fui. De nuevo siguiendo el criterio de mis entendederas, os paso a contar lo que vi. Se dividen como en peñas, en komparsas, cada una de las cuales va con su kimono y su cuadrilla de tambores. Por turnos, iban saliendo en grupos a una plaza que había allí al lado y bailaban. En cada cuadrilla hay gente de todas las edades, desde señoras que parecían tener setecientos veintitres años, hasta niños pequeños, y eso es lo bonito, ver bailar lo mismo a gente tan distinta:

 

De nuevo, por inesperado, fue más emocionante y precioso si cabe. Además va a durar poco, y quizás por eso se aprovecha tanto el momento. Se calcula que en dos semanas no quedará ninguna flor….

Mi pisito de 25m2

Uyuyuyuyuuyyyyyy que de cosas os estoy contandoooo!!!
Íbamos por Akihabara y mi flamante nuevo ordenador en perfecto japonés. Por cierto que sepáis que he podido meterle cosas en cristiano y funciona igual, la siguiente es intentar instalarle un windows Vista en castellano.
Vale, yo y mi ordenador en la Weekly Mansion. El domingo quedé con un amigo que es el que más tiene que ver con que yo esté aquí haciendo mis trapis, brindamos con una botella de champán el principio del proyecto, y hablamos un poco de todo. Va a estar programado en Java y lo mejor es que me han dejado total libertad para hacerlo como yo crea, así que me va a valer para aprender un huevo!

Venga venga, que me enrollo y luego me llamáis frikiplanet. El caso es que el martes me vine a vivir al piso por fin, menudo rollo era tener toda la ropa en las maletas, ya tenía ganas de sacar todo, aunque sea para ponerlo en el suelo como está ahora, jeje. La cosa del piso funciona así: se alquila a través de una agencia, y sólo al final de todo es cuando ves al dueño. Todo el papeleo se hace con la agencia, el piso lo ves con ellos, y si estás interesado, entonces el dueño tiene que darte el visto bueno. En mi caso, al ser extranjerillo y tener los ojos como dos soles, los de mi ofi tenían sus reservas de que me lo fuesen a dar así sin más. Peeero resultó que el matrimonio que lo alquila tiene dos hijos, uno en la India y el otro en Boston, así que dicen que entienden mi situación y que me van a ayudar todo lo posible. Genial!! Yo le hice cuatro reverencias, y dije cuatro tonterías en japonés para caer majete y finalmente aquí estoy.

A la hora de pagar, la cosa se pone graciosa. Todo se basa en la mensualidad, que en mi caso son unas 75.000 pts (por 25 metros cuadrados, y aun así es grande para una sola persona). Pues basándonos en eso, el primer pago se desglosa en:

  • Key Money: dos mensualidades. Este concepto es muy gracioso, básicamente se basa en que le pagas ese dinero al dueño por dejarte estar en su casa. No se devuelve y no cuenta como mes. Aquí le llaman «Thank you money». En fin.
  • Fianza: suelen ser un par de mensualidades, aunque lo cuadran con el Key Money y al final pagas tres en total. Este dinero en teoría te lo devuelven si no has preparado ninguna en el piso.
  • Agencia: te clavan el equivalente a un mes por los servicios prestados. La verdad es que en mi caso se desvivieron por nosotros, nos llevaban en coche a ver los pisos, y me dieron un regalo de bienvenida.
  • Por supuesto, el primer mes que cuenta como mensualidad normal.

Estamos hablando de 6 mensualidades de golpe y solo cuentan como un mes de renta… ¡vaya sistema más cachondo que tienen montado!. En mi caso el dueño «sólo» me cobró un mes de Key Money y la agencia medio mes, así que echad cuentas: 1 Key Money + 2 de Fianza + 1/2 Agencia + Marzo…

Lo bueno del piso es que el precio está muy ajustado, que me pilla a sólo cuatro estaciones de la ofi, con lo que de puerta a puerta tardo una media hora, y que tengo cerquita un seven eleven (tiendilla que abre las 24h y que tienen de todo), y un supermercado.
Cuando volvíamos a la oficina, Michiko me dijo que era «costumbre bien linda japonesa hacer un regalo al dueño de unos 1000 yenes más o menos». Y aunque el tema del key money me parece tener una jeta increible, tampoco quiero ser un desaborío, ya sabéis: donde fueres haz lo que vieres. Así que me estiré y me casqué una tortilla de patatas que le llevé ayer por la noche.

Ale, hasta la siguiente!!!