¡La hora
del
hanamipollo!
httpvh://www.youtube.com/watch?v=KvdpSxCEmk4
Ya nos vamos acercando a las fotos del hanami, ya…
Un hanami en Yoyogi, un pantalón con bolsillos a los lados, a la izquierda la cartera, a la derecha un iPhone nuevito reluciente.
Un loco que no para quieto subiéndose a los cerezos, arrejuntándose a otros hanamis, haciendo el monochimpancé como sólo él sabe, inspirado, además, por Asahi y sus compinches.
El tirititero que nos ocupa se pierde por el parque por la noche. Un iPhone que tampoco aparece. Un tío amaneciendo sin saber muy bien donde ni como.
Al día siguiente un chico lo encuentra en el suelo, al iPhone, lo enciende y mira las llamadas perdidas. Hay un montón del Chiqui y alguna de Chiaki, decide llamar a la última por aquello del idioma. Que lo deja en la estación de Harajuku, que lo recojamos allí, que de nada, que de nada.
Un iPhone 4 estrenado tres días antes se pierde en un parque atestado de gente, pero aparece, eso si, pisoteado con el cristal roto. A pesar de la pinta, todo funciona.
Conclusiones:
– No dejar nunca en la vida de hacer el mono, pero no llevar cosas en los bolsillos de fuera
– Hay gente honrada por el mundo, y en Japón más
– No jugar al Angry Birds sin llevar tiritas hasta que cambien el cristal
PD: Las fotos del hanami ya vienen prontico…
Kawasaki, al igual que Yokohama, es uno de esos sitios que me parecían que estaban super lejos de Tokyo pero que luego estan al lado, tanto, que he ido a los dos en bici desde mi casa. Bibainadas a parte, el caso es que este fin de semana, a parte de estar atento a los cerezos, que les doy una semana como mucho para estar a tope, nos fuimos al Kanamara Matsuri de Kawasaki con el desertor de Albacete, el Guille y la Nere y más gente a cada cual más maja y dicharachera.
Resulta que es un festival dedicado a la fertilidad, que lleva celebrándose desde el periodo Edo con el noble origen de rezar para protegerse de las enfermedades sexuales entre las prostitutas del lugar, después la cosa evolucionó y es normal ver a parejas que van allí a pedir por tener descendencia.
Hay sutiles diferencias con los matsuris a los que estamos acostumbrados asistir, quizás no visibles a ojos no expertos como los nuestros, veamos si sois capaces de encontrar algo que os llame la atención, no es tarea fácil, ya os aviso.




Ya véis… un templo donde los altares que se llevan de procesión son rabos como pinos manchegos, donde se venden dulces con la forma característica de los elementos en cuestión, donde los artistas del lugar aprovechan para mostrar su arte y destreza en el vestir… poesía pura para la vista… poesía pura.







Aquello es una especie de sex-shop al aire libre, pero… ¿sabéis lo mejor de todo?, que da gusto ver que algo tan natural se lleva con tanta naturalidad, pocas caras de verguenza se veían.






La única pega es que no se sacaron tan nobles elementos en procesión por respeto a las víctimas del tsunami. Esto no me queda claro del todo, lo de cancelar eventos por razones éticas… yo creo que sería bastante mejor seguir con lo de siempre y aprovechar este tipo de celebraciones para recaudar dinero de alguna manera para ayudar, en vez de hacer que la gente se pire antes para casa.
En fin, no me quiero mojar mucho que no acabo de tenerlo claro, así que me despido con un monico que se puso allí a hacer moniquerías después de zamparse una naranja.



¡Buen lunes tengan ustedes!
Me zampo mi bento entero,
al lado del canadiense atontao,
y na más me sale del coraçao
que echaros un post![]()
Iba a contar la gran odisea del terremoto de ayer que leído lo leído, por lo visto ahora Tokyo debe estar en Korea, pero como yo ni me enteré y además tampoco tengo el sobaco pa bodas, aquí suelto un post de esos de copiar algo que ya ha puesto alguien y creerme más original que un cromo de Arconada.
¿Os acordáis de la Sky Tree? ¿no?, no pasa ná, aquí os lo recuerdo yo: es el pincho moruno que se jinca en Asakusa. Mi abuela diría que no hay mejores fotos en internet que las que saqué yo (y yo a mi abuela no le llevaba la contraria nunca). Bueno, pues el caso es que ya tienen el mondadientes del Daibutsu casi pulido ya y ha salido un reportaje sobre su observatorio, que es el más alto de todo el país: 350 metros, un cacho por encima de la Tokyo Tower y la Landmark de Yokohama!!.

Dicen que en los días sin niebla se le ve la calva a Berlusconi, no te digo más! Bueno eso no han dicho, no, ellos dicen que se verá por encima el hanabi de Asakusa, y en días claros hasta la costa de Chiba e Ibaraki!!
a bird a plane no a sky tree 投稿者 jentertainments2
Ya tengo ganas de subirme, ya…
Fuente de la que he chupao vilmente del bote: Japan Probe (Migué)
He tardao: medio taper entre que masticaba y que no… échale 10 minutos y porque me ha dao por aprovechar la regulerez pa enchufar a un huevo de entradas mías, que si no en 5 lo tenía!
Disclaimer mer: los comentarios se contestarán sólo si se tercia de los colganderos, no espereis mucha mandanga que hay que ser coherentes con el regulerFlavourStyleRulez

Bueeeno, que no todo van a ser parrafadas de esas de tener que leer y cansarse, que el blog parecen los deberes para casa ya. Aquí va un post con santos pa que los miréis sólo, sobre la Sky Tree finiquitada:



Ala pues, yo marcho que he medio quedao. Ya mañana cuento más, si eso…
Visto uno, vistos todos. Los hanabis, digo. Aquí tienen fama de que son los mejores del mundo, pero la verdad es que a mi me aburren muchísimo. Será porque en Bilbao duran media hora como mucho y aquí se tiran hora y pico dejando además un montón de tiempo entre cohete y cohete… hasta los de mi pueblo que tiraba el amigo tragapuros tenían más vidilla!!
En fin, que me aburran los fuegos artificiales no significa que no me lo pase yo como un hobbit que cualquier excusa es buena para pimplarse unas cervecicas. Así que me enfundé el Jinbei blanco, que parezco el Luke Skywalker de Rekalde y tiré para Asakusa después de dudar mucho si pasarme por el Eisa Matsuri de Shinjuku, que también fue el sábado.
Tuve muy buena suerte porque me dio por escribirlo en twitter y me contestó Guillermo que avisase cuando llegase, que él andaba por allí. El tío nada más verme me preguntó que porqué había tanta peña, ¡¡resulta que se había ido a Asakusa de compras sin tener ni idea del hanabi del año!!. Y lo segundo que hicimos fue irnos al izakaya ese que te puedes sentar fuera. Ahí, entre cerveza(sss) y tsukune(s), estuvimos contándonos las historias de su Kendo, de mi Karate, de las que son así como pa mi pero que ellas todavía no lo saben… y de vez en cuando, pues foto al canto, y es que se me visten tan guapeteeees…
Al Guille, que estaba de cara a la gente, le saludaba alguno de vez en cuando, si es que entre la cara de majete que traía de casa y las cervezas, estábamos con la sonrisilla puesta todo el rato. Como se estaba allí divinamente y tenía pintas de que al lado del río iba a ver más gente que en el abismo de Helm (Frase hecha by Nerea, todos los derechos reservados), pues decidimos que nos estábamos un rato más y de paso contábamos cuantos melocotones era capaz de vender el de la furgoneta.
Los móviles no andaban muy católicos por el mogollonazo de gente que había…
Luego ya cuando se hizo de noche y Nerea estaba ya con nosotros, decidimos adentrarnos un poco en el abismo y ver si éramos capaces de encontrar un hueco donde se viese un pelín del asunto. Aquello era como estar en el nivel 27 de los lemmings, pero sin el pelo verde y con cervezas en vez de escaleras en la mochila. Total: no vimos los fuegos ni vimos nada, pero lo que moló fue vivir el ambientillo una vez más: todos con Yukata, las míticas esterillas azules… otra noche mágica de verano. De las mejores: improvisada 1000% y compartida con amigos.
Foto en blanco y negro para que no se noten los lamparones del Kebab
Camino a casa, cuando la cobertura del móvil empezó a medio funcionar de nuevo, tenía un mensaje de Alain para ir de juerga por Shibuya. Pero ya estaba muerto y es que uno no tiene veinte años, por mucho que se quiera pretender… gomen ne, Alain!
Existen lugares donde uno logra olvidarse de que está en Tokyo, incluso en este siglo, y sueña paseando por épocas pasadas en escenarios más propios de películas de las de antes, de esas de colores pálidos y katanas, de traiciones y venganzas donde el honor todavía se protegía por encima de todo y los valores valían.



Dentro del parque Rikugien no existen los salaryman, ni los pachinkos, ni la Yamanote. Uno se convierte en el señor feudal que mira a las carpas del lago mientras medita qué movimiento será el siguiente que permitirá ganar algunos kokus más para la familia y con ellos algo más de poder que llame la atención de los favores del Shogún.






Quizás subiendo a la colina desde la que se divisa todo el parque también se tenga una mejor visión sobre la apertura de Japón al mundo, sobre el comercio con los extranjeros sin modales que profesan esa religión cristiana suya… quizás sería bueno ser cautos de momento hasta ver si de verdad aportan algo más que ruido y malas maneras.



Mientras se pasea por caminos exquisitamente definidos como por casualidad, uno es capaz de olvidarse de que existe un mundo alternativo de ordenadores para adentro o de esos teléfonos móviles ya sin botones, y se da cuenta de que siempre ha existido el viento que se deja respirar y nunca deja parar a las nubes, o los pájaros y sus mil casas de veraneo, una por cada árbol.





Todos esos pasos perfectamente estudiados que un día llegué a intuir dentro de la habitación con tatami de un centro cívico, reivindican aquí el prestigio histórico que les corresponde. Casi me puedo imaginar tomando un té con reverencias mirando al cielo rojo del atardecer a través de la pequeña ventana de la casa de té con mi abanico y mi kimono de anchas mangas. Y trataría de distinguir cada uno de mis gestos para no desentonar como invitado mientras se me sosega el alma y se me apaciguan los pulsos ante tanto detalle, tanta finura, tanta delicadeza.





El parque Rikugien está basado en la poesía japonesa Waka propia del periodo Genroku (desde 1688 hasta 1704) y fue creado por Yanagisawa Yoshiyasu, el señor de confianza del shogún Tokugawa Tsunayoshi. En el periodo Meiji el jardín pasó a ser la segunda residencia del fundador de la empresa Mitsubishi, Iwasaki Yataro. Y finalmente en 1938 la familia Iwasaki lo donó a la ciudad de Tokyo, y en 1953 fue designado lugar de belleza excepcional e importante legado cultural.

Para llegar a tan precioso lugar hay que ir primero a la estación Komagome de la línea Yamanote y salir por la salida sur. Después tenemos un ratillo que andar y aunque no es mucho y está bastante bien indicado por carteles, lo cierto es que la entrada está un poco escondida. Básicamente se trata de andar por la acera de la derecha de la calle grande que nos indican nada más salir de la estación, y estar atento a un poste de madera que señala que hay que girar a la derecha. Cuando yo fui había una moto aparcada justo delante y no se veía tan fácilmente, es más fácil guiarse por el combini, cuando pasemos el Sunkus giramos a la derecha:


La entrada sólo cuesta 300 yenes, tienen mapa en inglés y abren de nueve a cinco de la tarde permitiendo la entrada hasta las cuatro y media. Está cerrado desde el 29 de Diciembre hasta el 1 de Enero. Tan recomendable como el Hamarikyu o el Koishikawa Korakuen.
Bueno, en realidad fueron dos cervezas. Y parejas que miraban al agua anochecer. Y sueños todavía sin abrir. Y las esperanzas que no me dejan estar solo y se empeñan en que no las empeñe. Y una hora, quizás dos, brindando con la luna que era un gajo de una mandarina blanca, que me conoce casi mejor que el sol y por eso me sonríe inclinada desde su caserío del cielo a mano derecha de las nubes. Y el mar que me cuchichea mentiras entre olas, pero yo no me las creo porque los peces ya le tienen calado y me han dicho que no me fíe.
Y yo que me dejo vivir, no vaya a ser que el día que se acabe me pille tirado en un sofá sin hacer nada.
Una hora resumida en algo menos de tres minutos. Incontables susurros con mentiras a cámara rápida entre el sol y la luna. ¿Las olas? no os creáis ninguna, que se las inventa todas.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=Q8yH-eWvb-4
Aquí va un post de esos de expresar mi individualidad, mi sensibilidad y mi talento a través del trabajo de otros.
El caso es que hay un artista japonés que se hace llamar «Tokyo Genso» (Tokyo Fantasy) que le dio por dibujar lugares famosos de Tokyo pero en plan post-apocalipsis como en el after the war del Amstrad CPC. Sale ahí Tokyo todo abandonao en ruinas ya cubierto por la vegetación que da cosica.
Pasemos pues a mi originalidad y espontaneidad expresada en un minuto a través del trabajo de días de otros:

Shinjuku hecho un cromo, o a lo pejiguero: «El impresionante horizonte de rascacielos de Shinjuku tras el paso de una posible guerra nuclear sobre la megapolis»
¡Ala pues, pasen vuesas mercedes un bonito fin de semana que a mi ya me han visto el pelo hasta el martes!
Fuente: Tokyo Genso Deviantart
Tiempo: el ratico de darle al «Save as» de sus imágenes y subirlas a mi Picasa, pero expresar mi originalidad compensa con creces!
Hará ya más de un año de la primera y única cita a ciegas a la que he ido en mi vida.
Ella era la amiga de un compañero de la oficina que nos lió por separado para intentar liarnos juntos y después de escasos dos o tres mensajes aparecimos en un izakaya en Shibuya un viernes por la tarde, a esa hora en que uno se empieza a acostumbrar a no tener un ordenador delante y te empiezas a hacer a la idea de que al día siguiente ya no hay que madrugar.
Ella era de Fukuoka y había venido a Tokyo a trabajar de diseñadora aunque por el camino le había tocado hacer todo tipo de trabajos temporales hasta dar con su lugar. No era demasiado guapa, pero de verlas venir tengo yo el camino más que andado, y no iba a perder la oportunidad de conocer a alguien sólo porque lo de fuera no me acabase de convencer.
Fumaba mucho y bebía todavía más. Al de una hora ya tenía montada allí la fábrica papelera y ya me llevaba muchas cervezas de ventaja… no tenía yo claro si iba a llegar a la prórroga sin poner las largas para ver mejor. Y como siempre tenía algo en la boca, fuesen cigarros, karaages o jarras, pues no hablaba mucho, claro. Así que me tocó a mi tirar de repertorio y contar las historias que en ese momento decoraban mi vida: que si Karate por aquí, que si oficina por allá, que si Yosakoi…
Yosakoi… menuda lié contándole que estaba apuntado a un grupo de Yosakoi….
– ¿Haces Yosakoi? ¿y por qué?
– Pues no sé, hacía un amigo y me parece algo como muy japonés que me llama la atención y quería intentarlo
– Muy japonés dice… bueno bueno, vale
– ¿Qué? ¿que pasa con el Yosakoi?
– No no, no digo nada, no quiero hablar más de ello
Y su tono cortante me acabó de convencer, todavía más si cabe, que en la vida iba a volver yo a quedar con semejante tipa. Ella siguió bebiendo mucho y fumando más, añadiendo a tan entrañable rutina la bonita actividad de viajar al baño cada poco tiempo mientras yo ya me limitaba a cumplir expediente. No veía la hora de irme, ya ni hacía esfuerzos por mantener ninguna conversación, más bien pretendía que se notase que me quería ir para ver si acababa ya de pedir jarras. Es más, hubo un rato largo en que decidió ignorarme por completo y se puso a mandar mensajes a medio Japón con el móvil mientras yo comía tratando de que el tiempo pasase un poco más rápido.
Hubo un momento en que, por alguna razón, la camarera no acababa de traer el último pedido y mi encantadora cita se puso a llamarla a gritos. Cuando llegó, le montó un jaleo tremendo a la pobre chica, que yo soy ella y dimito, claro está, después de meterle un bofetón a semejante amago de persona y tirarle el sushi a la cara. En vez de eso, nos trajo los platos pidiéndonos perdón con reverencias mientras ella no se dignó ni a mirarle a la cara y yo hacía lo posible por quitarle importancia al asunto.
Cuando volvió de su séptima u octava incursión al servicio, en un alarde de iniciativa sin precedentes en toda la noche, empezó una conversación:
– ¿Quieres que te diga lo que pienso de lo del Yosakoi?
– Si si, claro
– Yosakoi es la actividad a la que se apuntan los frikis de la universidad, los que no saben hacer nada, los que no tienen amigos, los raritos.
– Anda, bueno, a mi me llama la atención porque soy extranjero y me parece algo bonito.
– Además, ¿hombres bailando?, que hagas Karate me parece bien, pero que hagas Yosakoi no es normal. Seguro que tus compañeros son unos otakus de cuidao.
– Pues no, la verdad es que son gente bien maja, y también van señoras mayores y niños, me parece un grupo súper majo y además siempre me están ayudando cuando me lío con los pasos o cuando no entiendo algo.
– Yosakoi es de otakus, de raros y tu puedes decir lo que quieras, pero deberías dejar de ir ya. ¿Yosakoi? ¡lo que tengo que oir!
– Pues a mi no me lo parece y por lo menos voy a seguir yendo este año porque me gusta y porque quiero acabar lo que he empezado. Igual en Fukuoka tiene esa fama, pero aquí no creo que sea así.
– Igual, en Tokyo es igual que en Fukuoka seguro. Deberías dejarlo y hacer kendo, pero no Yosakoi, me da hasta vergüenza pensarlo.
Después acabamos de comer lo que habíamos pedido, pagamos a medias y salimos por la puerta unas dos horas y media después de haber entrado. Mientras bajábamos solos en el ascensor le dio por abrazarme y ya en la calle va y me dice que le he caído muy bien, que si nos vamos a un bar a tomar algo, que si tengo planes para después, que a ver por que zona vivo.
Y yo le digo que si, que tengo planes, que al día siguiente tengo ensayo de Yosakoi con mis compañeros los raritos y que no puedo faltar. Y sin alargar más mi agonía, cojo la cuesta camino de la estación y me marcho a paso ligero mientras le escribo un último mensaje al móvil antes de borrar su número:
– Ha sido la peor cena de mi vida, eres una borde.
Jairo, que es un señor que todo lo que tiene de alto lo tiene de majo, estuvo grabando y por fin ha salido el vídeo!!! ahí salimos todos liándola!!!
Celebración Mundial 2010 en Tokyo from ikusuki on Vimeo.

Todo empezó en bromas al presentar el blog a los premios de Bitácoras. Prometí que si ganaba, haría un vídeo cantando una canción en medio de Shibuya, y el caso es que me empezaron a votar y estuve en primera posición por bastante tiempo. La cosa se iba concretando cada semana: la canción sería «Desde Santurce a Bilbao» y la iba a cantar comiendo wasabi vestido del gatostiable.
Lo cierto es que nunca pensé que lo fuese a hacer, pero quedé finalista y me empecé a hacer a la idea hasta que al final resulta que teníamos a un montón de gente apuntada a ayudarme grabando y sacando fotos con sus cámaras. Hasta Akira, con quien había perdido el contacto hacía unos meses, se animó a venir y tan bien nos lo pasamos que después del primer izakaya nos fuimos a otro.
Más que por la actuación en sí, que no dejó de ser una tontería enorme, el momento fue especial por el buen ambiente, por las caras de la gente, por los amigos, por todo lo que nos reímos antes, durante y después de grabar el vídeo.
Si me tuviese que volver a disfrazar de lo que sea por pasar ratos como aquéllos, lo haría sin dudarlo, y ni falta que hace que haya premios de por medio.
Queridos amigos, hoy toca ponerse delante del ordenador y dedicarle al blog el mínimo tiempo posible para que acabe saliendo un post que nos resuelva la papeleta del jueves y seguir diciendo cuando cumplamos años eso de que el ikublog se actualiza casi a diario. Hoy toca fusilar directamente lo que hayan puesto otros comentando un poco la jugada pero a poder ser sin mucho más que añadir, no vaya a ser que nos salga algo original y se malade el concepto.
Bienvenidos, pues, al
¡¡¡ Post Regulero !!!!

Esta sección se está convirtiendo en semanal, pero es que pintan bastos últimamente con lo del cierre de la oficina y el tiempo escasea como él sólo. Ahora que tampoco me miréis así que mejor es escribir posts reguleros que tener un blog de un amargao de esos que se quejan por todo, no te fá aquí los señoritos!
Hoy en lo que me estoy bebiendo el café, me he encontrao con…
¡¡¡ El abuelico del sushi volador !!!!
Es un señor de ochenta nardos que tiene un restaurante de sushi cerca de la estación de Shimbashi que está en la Yamanote y no doy más datos que entonces el post gana en calidad. Resulta que el tío tiene una forma muy cañera de prepararlo tirando el tinglao por el aire antes de cortarlo… no perdamos detalle a la presentadora que me encanta como se destamaga viéndolo y luego a la embolada en la que le meten los de la tele al buen señor:
httpvh://www.youtube.com/watch?v=S-LtlbVVoBs
El caso es que igual un día de éstos me paso por el lugar en cuestión, que no me pilla muy lejos, pruebo el sushi y aporto algo al mundo de internet con crónica y alguna foto, pero por ahora así nos quedamos que se me enfría el café.
– Copiao casi tal cual de: Japan Probe
– Tiempo empleado: unos 5 minutos y porque me he comprao el magic mouse ese y no le tengo pillao el truco
– Reguleranking: como hay vídeo y un par de párrafos, yo creo que sólo le damos 3 reguletronchos

¡Por cierto, por si os da por preguntar alguna cosa, aquí andamios!
¡Qué de deporte estoy haciendo últimamente! ¡qué de deporte!, entre Karate y Capoeira me estoy metiendo más tralla que como siga así me van a tener que levantar de la cama por las mañanas con una carretilla. Lo peor es que me hago un lío tremendo, en Karate no me pasa, pero en Capoeira no hay manera y me tiro haciendo cosas de Karate la mitad de las clases, así me va, que ellos se están moviendo todo el rato y yo me quedo más tieso ahí que ni sé.
Pero vamos, que nosotros tres, mis agujetas, mis legañas y yo, os veníamos a contar ésta mañana la parte que falta de la excursión aquella con los del Tokyo Gas. Lo primero que hicimos fue ir a su edificio donde nos soltaron charla, luego nos llevaron a comer al Hotel Hyatt en Shinjuku, y después fuimos a Asakusa a hacer los dulces, que es lo que os voy a contar hoy, y ya para acabar pasamos por la Tokyo Sky Tree que también os lo he contado.
En Asakusa entramos en una tienda, bastante cerca del Sensoji, y en la parte de arriba tenían una planta enorme llena de fogoncillos eléctricos. Resulta que hacen talleres donde te enseñan a cocinar los dulces que venden, así que lo que hicimos nosotros fue cocinarnos nuestros propios dulces, meterlos en una caja, cerrarla y llevárnoslo. ¿Os he dicho que por toda la excursión sólo pagué 2000 Yenes? pues eso, panconqueso.
Los dulces están hechos de arroz inflado, cacahuetes, mantequilla y caramelo aunque le puedes echar lo que te de la gana, claro. Allí nos lo estuvo contando una chica que hizo una tacada despacito para que nos coscásemos bien, y luego hizo una a «velocidad normal», como lo llamó ella, que se cascó una caja de dulces en dos minutos escasos…
¡¡¡qué máquina aquí Doña Dulcinea!!!

Y después de la demostración de la Dulcinea para que quede bien claro quién manda en el lugar, nos puso a cada uno en un fogón y nos iba diciendo cómo teníamos que hacer, más o menos. La verdad es que a mi no me quedaron mal, pero había cada desastre que pa qué y la chica se partía de risa ahí viéndonos, mu maja, si señor. Aunque yo no podría currar en algo así, estaría todo el día metiéndome las cucharadas de caramelo dobladas y me pondría como un manatí !
También os conté que nos dieron un kit para hacer los dulces en casa y por fin ayer me puse a ello y grabé un vídeo. El dolcekit contiene una cazuelilla y todos los ingredientes necesarios, que la verdad es que se pueden comprar en cualquier tienda siempre y cuando no sea un videoclub: caramelo, azúcar, cacahuetes y arroz inflado:
Y monté el estudio de grabación en casa… atención a la intendencia, conviene no quitar ojo primero a la camafutón sin hacer, segundo a la bola de hacer abdominales y por último al trípode haciendo equilibrios encima de la silla de ruedas con la cámara enchufando para abajo en un alarde de estabilidad sin precedentes en el mundo de lo estable
La habitación se ha tirao con aroma a algodón de azúcar toda la noche, que parece que he dormido en el parque de atracciones, aquí faltaba el gitan dándole al balancé… en fin!, dentro vídeo!
Cocinando Kaminari okoshi from ikusuki on Vimeo.
¡Y éste sábado nos llevan a Narita! ¡Gracias señores de Tokyo Gas! ¡Y vuestro logotipo mola mil!
Me despierto con un ataque de tos traicionero que me recuerda que no hace tanto que estuve encerrado entre éstas cuatro paredes una semana entera, lo que me empuja a levantarme y vivir el día lo más vivo que pueda.
Pero tengo sueño, mucho sueño… y últimamente cuesta sacarle un poco de brillo a los días que vienen con una capa de incertidumbre y nervios, de poder y no querer. Todo está girando en torno al cierre de la oficina, que parece inevitable, y a cada uno de nosotros nos afecta de manera distinta. El presidente parece aliviado de deshacerse, por fin, de algo que no parecía motivarle desde hace tiempo, los otros dos empleados que quedan pasan el tiempo entre risas que camuflan preocupación y diluyen incertidumbre. Y mi única amiga dentro de la oficina y yo compartimos tés con posos de congoja cómplice que hace tiempo que hemos dejado de disimular.
Pienso en qué pasará hoy mientras me tomo un café amargo porque se me olvidó comprar azúcar. Me olvido del mundo debajo de un chorro de agua caliente que me templa el ánima y me anima el ánimo, y de repente me acuerdo que cuando ayer dije adios a la noche apagando la luz, estaba nevando. Salgo de la ducha corriendo a mirar por la ventana. Voy dejando un rastro de agua por el tatami, y la estufa protesta cuando la salpico al pasar por encima.
Abro la ventana y todo está blanco ahí fuera. Sonrío al cielo con una mueca de ironía… quizás el invierno quiere reconciliarse conmigo regalándome un día distinto… olvidaré que le odio por hoy. De repente me doy cuenta que estoy desnudo mirando por la ventana y cierro la cortina de golpe.
Hoy todo giraba en torno a la clase de Capoeira, pero las reglas han cambiado, saco la ropa de la bolsa pequeña y meto todo en una bolsa más grande que deja espacio para las cámaras. Y con un termo de té verde bien caliente salgo andando hacía Honmonji olvidándome de que tengo mucho frío.
Las tablas de las tumbas del cementerio que rodea a todo el templo suenan al chocar unas con otras por el viento, es un sonido tétrico por el contexto, que se funde con el de mis pisadas encima de la nieve que cubre el camino. De vez en cuando algún cuervo irrumpe en la melodía de la mañana con sus protestas bajo un sol cobarde que se rindió de calentar en Noviembre.
Hay unos veinte estudiantes en manga corta que corren guiados por su profesor de gimnasia. Les está cronometrando el tiempo que tardan en dar diez vueltas a la pagoda, y ellos se aplican el cuento del frío y corren con ganas mientras sus compañeros les animan, y ríen, y gritan sin importarles que miles de almas están descansando a su alrededor. Pienso en que si yo descansase aquí, no me importaría que de vez en cuando viniesen jóvenes a recordarme, con sus risas, que yo una vez lo fuí.
El cielo está despejado a veces, pero no tanto como para que se pueda ver el Fuji. Aún así voy al lugar desde el que mejor se vé pasando por al lado de tres estudiantes que me miran sonriendo. Una dice a gritos «es un extranjero» y las otras se ríen, «que mono» dice otra, sin importar que yo les entienda o deje de entender.
El Fuji no se vé más que en mi mente…
Avanzo en dirección al templo donde obreros, quizás monjes debajo de los monos, recogen la nieve con prisa, como si no supieran que va a desaparecer por sí misma. Otros acaban de montar el escenario que presidirá la ceremonia del Setsubun, que casi olvido que será mañana, y yo parezco no estar.
Mejor así.
El cuervo, quizás el mismo de antes, vuelve a protestar subido en algún poste. La nieve se derrite. Los estudiantes corren. Un anciano limpia una tumba. Pasa un gato.
El sol sigue sin calentar.
Y yo me voy a la oficina.
Érase que se era que en el país del onigiri, las teles decidieron que se acabó eso de emitir por el aire en ondas de cualquier manera a partir de Julio del 2011, que en unos y ceros se van a ver mejor los programas de comida donde salen famosos yendo a restaurantes y diciendo que todo lo que prueban está más oishii que otro poco.
Y para tal menester se juntaron los mandamases en un izakaya con nomihodai y quedaron en que había que construir una torre más alta que el Corte Inglés de Bilbao (que la planta de las rebajas da un vértigo que pa qué) y emitir desde ahí toda la pesca a Tokyo y parte de Rekalde. Ojo, que no iban de farol, que se pusieron manos a la obra y ya llevan construidos 281 metros de lo que se llama «Tokyo Sky Tree», pero atiende que
¡ Todavía faltan casi 400 metros más !

La Tokyo Tower mide 332 metros y no era suficiente para el tinglao éste de emitir en terrestre, así que la Sky Tree va a ser como poner la torre de Tokyo encima de la Torre Gabacha: 634 m, pasando a ser, si los de Dubai no se pican y no respiran, la torre más alta del mundo. Por cierto, que construir una torre ahí súper alta para emitir en terrestre no deja de tener sus tamagos morenos…
Bueno, el mostrenco este me lo están haciendo al ladito de Asakusa, y el caso es que el sábado me llevaron ahí en bus a parte de a hacer otras cosicas que ya os iré contando. Y aunque sólo llevan un cacho hecho, la cosa ya impresiona, ya:
Iba a ponerme a traducir la página web en plan como que yo me he informado y me sé todos los datos y tal, pero mira, mejor la enlazo y así no me tiro el moquetis, que la tenéis en inglés y pa pejiguero el jilguero. Lo que sí que cuadra aquí es poner que tienen planeado finiquitar el tente pa la primavera del año que viene, con la cerezada… yo iré de vez en cuando para tener fotos de cuando la estaban construyendo y luego volver cuando sea viejuno y vendérselas.
El caso es que en las maquetas esas que tienen hechas, anda que casi que no se va a ver!
Después para quitarme el dolor de cuello, y como mi línea de tren es la Asakusa sen, pues ya tiré andando hasta el Sensoji dándome un paseo más cuco que ni sé, que llegué a casa con un gustico en el cuerpo más majoooo que daba gloria verme y todo de lo lozano que iba!!
Lo que sí que nos contó la guía del autobús es que habían decidido no hacerla de color rojo como la Tokyo Tower, porque al ser tan alta iba a dar demasiado el cante… yo lo que digo es que a ver en qué color no va a dar el cante semejante mostrenco!!! Pero bueno, todo sea por tener todas las rayas en el móvil, que no se diga que en Asakusa no va a haber cobertura!!
Huy, me hace ilusión acabar con un párrafo cancamusil fantasma de estos que están de moda por ahí, ¿me dejáis? ¿me dejáis?, venga baaaa, sólo unooooooo 
Una vez más, Tokyo se redefine a sí misma como el paradigma de la fusión entre lo tradicional y lo moderno con una nueva infraestructura de comunicaciones que no sólo va a ser el punto más cercano al cielo de la megápolis, sino que cada uno de sus pilares es un desafío a las placas tectónicas que viven amenazantes en el subsuelo del país nipón.
jajaja, yo no valgo pa esto del cancamuseo, me entra la risa!!! jajaja
ale majos! que vaya bien el lunes, yo marcho
!
Al lorco que se le ocurrió una liada, y para Shinjuku que nos fuimos…
Aquí mi montaje de lo sucedido:
httpvhd://www.youtube.com/watch?v=O_m6Gb9kw3M
Aquí el suyo:
httpvh://www.youtube.com/watch?v=BQScaxz_aVY
Los comentarios os los dejamos a vosotros…
¡¡ Feliz y porompompero año 2010 !!

Fin de la saga…
httpvhd://www.youtube.com/watch?v=0GX9TNT8OKk
¡Gracias a todos!
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Nere, Guille y el ninja
Zordor
Jordi (y su versión de lo acontecido)
Akira
Midori
Ana
来年はどうしょうかな-

En breves se viene un tifonaco a los Tokyos, así que vamos a seguir un poco más de la historia de cómo aparecí yo aquí antes de que aparezca volando en Korea.
La primera y la segunda parte se podrían resumir en tres frases:
Bea dice que ella no, pero yo me acuerdo que volvía convencidísimo de que iba a regresar a Tokyo muy pronto. Estaba emocionadete por volver a ver a mi familia y amigos, deseando darles la chapa con todas las historias que viví en todo ese tiempo que al principio parecía una eternidad, pero que se pasó en un estornudo y dos sonadas de mocos. Y vaya si la dí, la chapa digo… preguntad preguntad.
Lo siguiente que tocaba era ver si habría algún tipo de continuidad con la empresa de Vitoria con la que obtuve la beca, y todo parecía indicar que sí. Después de unos días de descanso, me ofrecieron un trabajo de comercial encargado de Asia, eso significaba estar en la oficina dándoles soporte, pero también viajar de vez en cuando a Japón, Korea y China para asistir a ferias y eventos.
Por otra parte, Beatriz estuvo durante el último mes en Tokyo de reuniones con un cliente que quería que le hiciesen una aplicación y viendo que el proyecto se iba a quedar colgado, intentaron convencernos de que nos quedásemos unos meses más. Pero claro, mi visado era de sólo seís meses y se acababa. Así que lo siguiente que hicieron fue proponer que se sacara el proyecto teletrabajando desde Bilbao.
Después de mucho rehablarlo, decidimos hacer el proyecto entre los dos, así que le conté la situación a los de Vitoria con la esperanza de que me guardasen el puesto y nos tiramos los siguientes siete u ocho meses programando en Filemaker a pachas. Nunca sabré si la decisión fue la correcta o no, pero pintaba mucho más emocionante: la segunda vez que «trabajo» e iba a ser desde casa para un proyecto de Japón, madre mía qué vida más rara…
Yo mantenía relación con Takeshi y Natsuyo y hacía algún que otro trabajo temporal para los de Vitoria como el manual de usuario de la aplicación en inglés e historias parecidas, todo esto a la vez que el currele de Tokyo. Era una época extraña currelando con emails y todo en inglés mientras estábamos en nuestro mundo «de siempre».
Cuando finalmente el proyecto se acabó, nos vimos los dos en la calle sin otra cosa que hacer que buscar trabajo. Yo arranqué donde los de Vitoria y me dijeron que me cogían… hasta que en el último momento recibí una llamada diciéndome que si por la crisis habían tenido una reunión de urgencia y no se qué gaitas, pero que no me podían contratar, ni de comercial de Asia ni de programador ni de nada. Algo raro pasó por ahí de lo que nunca me enteraré.
Lo de volver a Japón se volvió imposible, de hecho ya ni lo intentábamos, aunque yo empecé a estudiar japonés por mi cuenta. Todos los días intentaba aprenderme el hiragana, katakana y algunos kanjis. La cosa fué a más hasta que saqué el nivel 4 del Noken, que no es decir gran cosa pero era motivante.
Después me enteré de una chica japonesa que vivía en Bilbao y daba clases y estuve con ella una temporada hasta que lo dejó. Seguí a mi aire otra temporada hasta que dí con otra chica, Yuka, que me estuvo aguantando otra temporadilla y acabé sacando el nivel 3, que tampoco es decir gran cosa.
Vamos, que teníamos mucha más afición por todo lo que venía del país donde los cerezos más famosos son los que no dan cerezas: veíamos películas, doramas, escuchábamos música… como mucha otra gente, pero con la diferencia de que nosotros ya habíamos vivido allí.
Así que después de haber vivido una de las experiencias más increíbles de mi vida, de repente me desperté y me encontré empezando desde lo más bajo haciendo un curso en Coritel donde me obligaban a ir con traje y hasta tuvieron los santos huevos de mandarme a programar un proyecto real a un cliente en Bilbao sin hacerme contrato, ni pagarme un duro. No había otra cosa, así que mientras buscaba mi dignidad por debajo de los zapatos de aquellos entrajetados cancamuseros seguí su comedia una temporada.
A mi me hervía la sangre y se me coagulaban los higadillos, se lo contaba a mis padres y no se lo creían. El día en que me pidieron que me quedase hasta tarde para acabar el proyecto, me llevé a la jefa a una sala y le dije que me iba a casa, que hasta ahí habíamos llegado, que se fuesen a pisotear a otro. Me levanté y me fuí para no volver más a ese cliente. El siguiente día que me pasé por Coritel me dijeron que ya me iban a hacer contrato, pero les dije que no me interesaba y me fuí.
A parte de para intentar soplarle un poco a mi dignidad para tratar de que no estuviese tan deshinchada, me fuí porque encontré otro trabajo en un cuchitril donde, por lo menos, me hicieron contrato y me pagaban. Quiero creer que tuve mala suerte y que se puede currar en un sitio decente en Bilbao, porque pasé por cada sitio que si cuento lo que hacían no me cree nadie.
Al final la suerte volvió y aparecí subcontratado en el Parque Tecnológico de Zamudio para un cliente de los grandes del País Vasco donde parecía que iba a tener, al menos, muchísima más estabilidad.
Ya véis, buscando estabilidad, y es que lo de Japón estaba más que olvidado. Ya habían pasado como dos años desde que volví y sólo nos planteábamos, si acaso, ir de vacaciones.
Entre medias Bea y yo seguíamos dándole a la cebolla para intentar hacer algo relacionado con Japón y la idea que nos venía una y otra vez fue la de intentar traer turistas japoneses a Euskadi, hacer de enlaces, ir a buscarles al aeropuerto, llevarles aquí y allá enseñándoles una parte del país que es totalmente desconocida para ellos, pero que sabíamos que les iba a encantar.
Nos quitaron la ilusión pronto, en cuanto nos negaron un par de subvenciones. En otras había que ir a cursos de formación que requerían que dejásemos de ir al trabajo…. Así que tiramos por lo de las camisetas, que nos parecía algo bastante chulo que podíamos hacer por nuestra cuenta y con eso seguimos hasta hoy.
Como la vida nunca sabes por donde te va a salir, y por razones que sólo Bea y yo sabemos y que nunca contaré aquí, se separaron nuestros caminos con la gran suerte de que conseguimos mantener una excelente relación, tanto que ella ha sido uno de mis mayores apoyos desde que me vine aquí ésta segunda vez.
Ikusuki sigue, como sabéis, y es ella la que se encarga de lidiar con los de la imprenta, hacer los pedidos y enviaros las camisetas envasadas. Yo sigo con los diseños, el blog y la web.
Así que ahí estábamos, con un buen trabajo pero con la vida destemplada.
Sólo me queda contar cómo después de tres años volví a Japón a intentar montar, pieza a pieza, ventrículo a ventrículo, el saco ese rojo que se empeña en seguir su rutina, la de mantener el pulso pase lo que pase de pupilas para afuera. Y esperemos que tarde muchos años en aburrirse de ella.
Concluirá…
Hay días en que aprovecho la hora de comer para salir de la oficina e ir de compras. En el mismo edificio de la estación de Meguro hay un Uniqlo y un Muji a parte de muchas tiendas pequeñas, con lo que no es raro verme por allí curioseando aunque no compre nada, para acabar comiendo algo rápido del combini de la esquina y bajando la cuesta con la bici casi a contrareloj para cumplir el horario.
Ese día decidí tomármelo con calma y compré un par de camisas de manga corta, y por alguna razón salí por la otra puerta del Uniqlo que daba a un pasillo con más tiendas que curiosear.
En una de ellas vendían objetos para el hogar de esos artesanales de madera incluyendo artilugios y aceites para dar masajes. A mi estas cosas siempre me han llamado la atención, así que empecé a toquetear, abrir y oler… hasta que cogí lo que yo entendí como un masajeador de piernas cuyo hipotético uso empecé a ejercer.
Entonces llegó ella, una chica de más o menos mi edad que estaba doblando y colocando toallas en una estantería. Dejó de hacerlo y se me acercó. Hacía muchas reverencias y sonreía tanto que había momentos en que costaba saber si tenía los ojos realmente abiertos. Su pelo largo y negro se confundía con la chaqueta del uniforme negro y rojo de la tienda, totalmente inapropiado para el calor que hacía aunque he de reconocer que era muy elegante y le quedaba perfecto. O eso me pareció.
Cogió el chisme, que era poco más que un palo con dos rodillos de madera con pinchos, y me empezó a dar un masaje en la espalda. Al acercarse más a mi pude notar un olor suave pero muy fresco, que supuse de champú y de repente quise acariciarle el pelo y olerlo más de cerca. En vez de eso seguí sujetando las bolsas del Uniqlo y ella siguió presionándome lo que sea que tenga yo entre los omoplatos con firmeza, haciéndome algo de daño a veces al clavarlo demasiado. Nunca he entendido eso de que un buen masaje debe doler, pero me dejé hacer el rato largo que duró la demostración.
Ella, lejos de cortarse, me siguió el juego:
– Jajaja, vale, pues ya me fijaré por si vienes otra vez. ¿Qué haces en Japón? ¿estudias?
– Anda, pues si que me ves jóven, no no, estoy trabajando aquí cerca
– Pues no te había visto nunca por aquí
– Creo que es la primera vez que entro aunque la mitad del sueldo me lo dejo en el Uniqlo de ahí detrás
– Jajaja -de nuevo esa sonrisa encantadora. El olor del champú de tanto estar ya no estaba- Uniqlo es barato y está bien, lo malo es que cuando te compras algo, lo tiene medio Tokyo
– Si, eso es verdad
De repente una voz salió de detrás de la caja registradora gritando Eri y algo más que no supe entender.
Otros encuentros:
La chica del shamisen
Desclasificando una noche
Calor humano
La chica de Okinawa
La chica del bar de Shibuya
¿De esto que un grupo de señores mayores ponen bote pa pagar a una chiquita pa que ponga morricos y sacarle fotos?
Pues eso













El barrio donde vivo no tiene casas con escaleras que se puedan subir más allá de tres pisos y los coches se ceden el paso unos a otros porque la carretera no tiene una raya que la parta por la mitad.
Viven a mi alrededor ancianos que me triplican en edad y que hace tiempo que me dejaron de mirar curiosos porque ya se han acostumbrado a que yo les mire curioso.
En el barrio donde vivo también viven cuervos y gatos seguro que desde hace mucho más que yo, y seguirán graznando y maullando mucho después de que yo me vaya, aunque yo les seguiré escuchando allá donde me toque dormir, como ahora sigo escuchando la voz de los míos.
Hay cinco cerezos por cada farola y tocamos a mil flores por vecino que se reparten en primavera. Yo ya he guardado dos mil novecientas noventa y nueve en el saco que tengo entre los dos ventrículos. La que falta se la regalé a la quinta chica de la que me enamoré aquella tarde de lluvia donde sólo tocó sentir eso tan raro de ser feliz.
El barrio donde vivo me ha guardado siempre el secreto de todas esas noches en las que no dormí en él y me recibe con un guiño al verme llegar al amanecer sin preguntar de dónde vengo o qué he hecho sin él.
Uno sólo sabe que está en una ciudad al llegar a la parte de arriba de cualquiera de los caminos, porque todos se hacen subir, y desde allí se ve a esos otros que viven en casas de muchas más escaleras y neones y ruidos.
Como la estación de tren está lejos, para salir del barrio donde vivo existe un indispensable y maravilloso requisito: dar un paseo. Al estar todos obligados a ello, es inevitable cruzarnos cada día. Las sonrisas parecen impuestas por ley, y los vecinos nos encargamos de ejercerlas la mayor parte de las veces sin conocernos.
A veces alguien me pregunta por el lugar donde vivía antes. Y entonces hablo sin parar de casas, personas, olores, sabores y lugares que poco tienen que ver con éste en apariencia, pero siendo en esencia tan iguales que asusta cerciorarse de ello. Lo hago en voz baja, para que el barrio donde vivo no se entere que no he vivido aquí siempre, no vaya a ser que deje de guiñarme el ojo cuando llego.
Si alguna vez uno de los cerezos del barrio donde vivo sigue desnudo a pesar de que todos los demás hace tiempo que han florecido, es que ya no viviré allí y habrá decidido guardarme las flores que me tocaban esa primavera.
Eso es que sabe que volveré a por más cuando ya no me queden, y eso será porque las habré regalado todas. Porque yo sé que mientras el saco donde las guardo siga latiendo, no se marchitarán.
Muy relacionado con este post: La ciudad donde vivo
Estamos muy cerca de acabar la primera fase del proyecto que tenemos entre dedos (que están entre teclas). El jefe, desde Alemania, nos pide que le demos un último empujón y dejarlo lo mejor posible antes de que podamos descansar algún que otro día. La verdad es que me gusta mucho este trabajo, se me pasan los días volando y tengo la suficiente libertad como para intentar hacer cosas nuevas de vez en cuando.
Así que no es de extrañar que muchos días durante la semana pasada haya salido tarde de trabajar aprovechando que tengo la bici fuera y que no dependo de horarios de trenes y sólo unos veinte minutos me separan de casa.
El otro día me moría de hambre al salir, así que me compré un par de sandwhiches y alguna cosilla más en el combini y enfilé con la bici para casa. Cuando iba subiendo la cuestaca, ví un control de la policía. Uno de ellos me hacía señas con la linterna para que aparcase allí y yo aparqué, claro. Me pidio el carnet, comprobó que la bici está registrada a mi nombre y cuando yo suponía que me iba a dejar irme, me echó una especie de bronca en plan padre preocupado:
– No deberías ir comiendo y andando en bici a la vez
– Ah si si, es cierto, es peligroso, ¿verdad?, vale, guardo el sandwhich
Lo cierto es que no tenía donde guardar el sandwhich más que en una bolsa de plástico que colgaba del manillar y que tampoco creo que cumpliese el ISO de seguridad vial, así que la conversación siguió:
– Por favor, cómete la comida antes de seguir tu camino
– Jajaja, si
– Después -el policía no se reía- nosotros te recogemos los envoltorios y entonces te puedes ir
– Ehh… vale, entendido
Y en algún lugar de Tokyo entre Gotanda y Magome a una hora más allá de las doce de la noche, un Zalluco se comió dos sandwhiches y un kitkat, bajo la atenta mirada de dos policías japoneses que le sostenían la bici. El momento cumbre fue cuando haciendo alarde de lo mal que nos llevamos yo y los «abrefáciles», me tiré un rato peleándome con el segundo sandwhich para abrirlo y el policía me tuvo que ayudar.
Gracias a la técnica aprendida del maestro pastababas, exhibí mi arte masticador delante de la ley esperando que me puntuasen o algo, que aquello parecía más una prueba del qué apostamos, pero no, el poli seguía con su cara de bicho palo:
– Muchas gracias, por favor, deme la bolsa, vaya con cuidado y procure no comer y andar en bici a la vez
– Entendido, muchas gracias y buenas noches
Otros encuentros con los capitanes Furilos de aquí:
Iba yo andando tranquilamente después de trasquilarme medio Uniqlo de Shibuya, cuando aparecieron por allí un quintal de rascayús dando voceríos. Era una manifestación de la ultraderecha junto a lo que parecía un desfile de modelos de la policía, porque la proporción era de un poli por cada dos ultraderechostiables. La pena es que en el lote no les cayesen un par de palos por metro recorrido.
Tipos con cara de cabrones gritaban que Japón estaba mejor siendo sólo Japón y que había que cerrar las fronteras y dejar de hacer negocios con el extranjero, especialmente con los yankis (ahora que mira, si todos son como el parlapuñaos yo también dejaría de extraperlar para no tener que oir extraparlares)
Alguno iba dando panfletos a la gente, y la gente no se los cogía. Un chico de más o menos mi edad (que siendo japonés, serán 10 años más), lo cogió, lo arrugó con las dos manos sin leerlo y se lo tiró a los pies del pavo gritándole algo que sonó a indicarle la dirección de salida un poco más explícitamente que por donde la hierba ha sido cortada.

Entre tanto ultraderechismo yo no me dejaba de ver a mi mismo como un potencial objetivo al que darle una somanta palos en cuanto me parase a rascarme la nariz, así que anduve con treinta ojos. Yo para estas cosas soy más fantasma que ni sé, el Bruce Willis en el sexto sentido se queda en un amago de movedor de ouija a mi lado, así que ya iba planeando mi manera de defenderme: «si me viene alguno de frente, le meto una patada en los huevos y echo a correr hasta donde Tokyo pierde su nombre (que ya es decir), y si alguno se me planta delante, más deconstrucción de los óvalos que provoco y más pa Yokohama que tiro»
Por fortuna, allí lo único que pasó fuí yo desapercibido entre tanto policía y tanto cabrón, así que llegué sano y salvo a mi casita con una ondonada de ropa recién comprada que me probé delante del espejo descojonándome pensando en que será la única vez que la vea tan planchada.